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27 de abril de 2012

LA VOZ DE LOS SUEÑOS



Siempre he creído que los sueños están relacionados con algo que nos preocupa, o que nos ha impactado durante el día. Los míos no sé si serán abundantes, o no, porque solo suelo recordar pequeño fragmentos, pero me gusta buscarles un significado.

Hace cinco años, me ocurrió un hecho curioso. Soñé que me encontraba con Pedro. Éramos amigos de la infancia, y por vicisitudes de la vida tomamos caminos separados después de la universidad. En el sueño, estábamos jugando a las canicas. Ya me había ganado una blanca y dos azules. De repente no fue la bolita la que salió rodando, sino él, y después de recorrer así varios metros, se metió en un coche negro, tipo ranchera, y desapareció de mi vista. En ese momento desperté con dolor en el brazo, como si fuera yo el que se hubiese revolcado por el suelo. Estuve intentado encontrarle un significado coherente, pero no hubo manera. Dos días después se puso en contacto conmigo Manuel, un amigo común, y me soltó a bocajarro que Pedro había muerto en un accidente. Qué decir de cómo me quedé.

Lo mismo pasó hace un año con una vecina con la que apenas teníamos trato. Soñé que haciendo montañismo se resbalaba por una larga pendiente. Su recorrido fue lento, arañándose con cada matorral que encontraba a su paso. Yo intenté descolgarme por unas enormes lianas que se entrecruzaban como una maraña bajo las copas de los frondosos árboles. Cuando apenas quedaban dos metros para llegar al saliente donde se había quedado enganchada, una gran ola saltó del río arrastrándola hacia sus aguas negras. El mismo dolor en el brazo me hizo presagiar una desgracia. Ocho días después nos enteramos que había fallecido tras una larga enfermedad.

Hoy me he acostado un poco inquieto. Notaba una extraña sensación que me hizo recordar estos dos acontecimientos narrados. Pensé en mi familia. Que yo supiera no tenía a nadie enfermo, y ninguno de mis hijos iba a coger esa noche el coche. Después de dar bastantes vueltas y llevarme un pequeño rapapolvos de mi mujer, conseguí conciliar el sueño. Nos encontrábamos mi querida esposa y yo de vacaciones en un transatlántico. –¡Claro!, dentro de un mes hacíamos las bodas de plata–. Estábamos celebrándolo. Ella vestida de tul blanco, y yo con smoking negro. Bailábamos al son de la bella música. ¡Qué bien lo hacía Elisa! También es verdad que era una alumna aventajada, y cuando me apunté a las clases, ya llevaba tres meses gastando suela. De pronto empezó a girar como una peonza, y también todos los pasajeros que se hallaban en la pista. Al ir a sujetarla me caí de bruces sobre ella, y encima de mí un señor orondo. Otra vez ese dolor en el brazo. Desperté con miedo. Miré a mi alrededor y vi a Elisa descorriendo las cortinas. ¡Uf, está bien! Esta vez sí que ha sido un maldito sueño. Estaba tan hermosa recién levantada con su pelo alborotado. Se giro y se acercó a mi. Se expresión cambió bruscamente. Unos ojos llenos el horror, me dijeron que ahora el muerto era yo.

25 de abril de 2012

ÉRASE UNA VEZ... (poesía infantil)




En un rincón del libro,
dormía acurrucada la Tristeza.
Un lector abrió su puerta
con extrema delicadeza.
La Angustia, que no dormía,
la zarandeó con firmeza.
¡Despierte!, que sus vástagos
se han marchado,
saltando de letra en letra.
¡Y cómo los encuentro ahora!,
dijo sin ápice de entereza.
Pues vaya siguiendo el rastro,
que por el camino dejan.

Deslizó su figura funesta,
entre sendas blancas,
y ríos de tinta negra.
Afligida miraba los charcos,
que su hijo dejaba,
en cada vuelta.

Los encontró suspirando
junto a sus embarradas huellas.
Uno llorando a lágrima viva,
y el otro muerto de pena.

De la mano volvieron los tres,
en silencio y con presteza;
meciendo aires de soledad,
y sombreando la vasta meseta.

Cuando la Tristeza se mueve,
antes lo hicieron, el Llanto y la Pena.

23 de abril de 2012

OLOR A NIÑEZ




Esta tarde, he vuelto a la niñez. El olor a pintura que desprendía una vieja reja, me ha trasladado a la terraza de mi infancia. Cada dos años, mi padre coloreaba de negro los barrotes del gran balcón. Mi hermana y yo, le ayudábamos a colocar el impoluto papel de periódico, cuyo cometido era recibir las gotas juguetonas que saltaban de la brocha, al compás ascendente y descendente que marcaba el alegre pintor. Luego nos peleábamos por remover la pintura con un palito de madera, que “por pitos o por flautas” siempre acababa manchando el suelo. Mi padre sonreía intentando poner paz. Antes de cerrar el envase, con un pequeño apretón de su talón sobre la tapa, permitía que diéramos un par de brochazos. Mientras una se deleitaba intentando retrasar el momento del relevo; la otra estiraba la mano, solícita, expectante y ansiosa, a la vez que controlaba el tiempo como si de un cronómetro se tratase.

Un año excepcional en el que pudimos despacharnos a gusto en el arte de “colorear”, fue aquel en el cual mis progenitores decidieron pintar ¡el ladrillo de la pared! La sólida arcilla recibió una brillante capa de barniz, y el laberinto de cemento gris fue atacado por un “blanco nuclear”. Lo reconozco, disfruté mucho al principio; pero después de unos cuantos rectángulos, el brazo me dolía tanto, que juré no volver a pelearme por coger una brocha.

Muchas veces me pregunté, si a mi padre le hubiera gustado tener un hijo varón. La respuesta no la supe jamás, ya que nunca me atreví a esclarecer mi duda; quizá por temor a una respuesta positiva.

Por la noche, y a pesar del olor, no podían faltar los relatos y sus sonrisas cómplices de la imaginación. Los narraba echado en su hamaca de madera clara, vestida con una descolorida loneta de rayas rojas que lucía los hábiles zurcidos de mi madre. Cada año la tela se iba desgastando un poquito más... como él, pero nosotras no nos dábamos cuenta.

Mi madre se situaba en una silla frente a él. Mi hermana y yo, sentadas en el suelo, le escoltábamos apoyando nuestras barbillas sobre los brazos de madera. Él colocaba las manos tras las nuca, y empezaba la sesión. Escuchábamos fascinadas. Todavía resuena en mi mente la suave voz con la que refería sus historias sobre las estrellas, y sobre su niñez durante la guerra civil; sin olvidar el misterio que introducía al inventar esos cuentos, que rápidamente me transportaban al mundo de fantasía en el que crecemos los niños.

Con el tiempo, los acontecimientos relatados se repetían tan a menudo, que bien podrían estar gastados como su silla-tumbona; si no fuera porque nuestro interés los hacía nuevos cada anochecer.

A las once hacíamos un alto en el camino. Mientras mi madre iba a la cocina a preparar dos vasos de leche fría, mi padre regaba los tiestos que decoraban la terraza en forma de L. De vez en cuando se “escapaba” algún que otro hermoso chorro de agua hacia las rojizas baldosas de la terraza. Nos guiñaba un ojo, y nosotras pisoteábamos descalzas sobre el escurridizo y huidizo charco, pero al momento llegaba mi madre con la fregona y lo hacía desaparecer velozmente.

Nos encantaba sentarnos en la rayada hamaca. Así que en los dos escasos minutos que quedaba vacía, nos lanzábamos como locas sobre ella. Apenas cabían nuestros esmirriados traseros; sin embargo, permanecíamos “pegaditas” con nuestros “bigotillos” blancos, esperando el reinicio de las aventuras narradas por nuestro héroe.

¡Papá, cuéntanos otro!”, repetíamos casi al unísono nada más acabar cada relato. ¡Paciencia!, le sobraba a mi padre incluso al acabar el día. Y así tranquilamente volvía a sonreír, y a empezar de nuevo.








20 de abril de 2012

ABRAZANDO EL SILENCIO


Óleo de Raúl Tamarit Martínez

La dama suspiró profundo,
y cerrando los ojos,
soñó que desnuda miraba el mar.

Sus tobillos, eran blanco
de la espuma hecha cristal;
los ojos robaban lágrimas,
que las nubes dejaban atrás;
y los labios sellaban lamentos,
de su desgarrada alma mortal.

¡Y qué voy a hacer
cuando no sienta tu mano jamás!
¡Cuando las rosas se atavíen
de tristeza por no verte más!
¡Cuando tu aroma no me arrulle,
ni me invite a volar!

La dama vestía de blanco,
frente a la inmensidad,
y abandonándose a la cruel locura,
dejó huellas extintas, de arena y sal.


18 de abril de 2012

UN GESTO



Cuando mis ojos se posaron en las perennes hojas del eucalipto, supuse que se abría ante mi un camino repleto de nuevas percepciones. Llegué a este hermoso lugar con la intención de dejar en el trayecto antiguas emociones que me habían acompañado en otros destinos y en otros rincones. Melancolía, amargura, desamparo, abatimiento; que me llevaron al aislamiento, a la desidia, al hambre, y a una inmensa soledad.

Siempre que tomaba otro rumbo soñaba con encontrar quien me entendiese, quien me acompañase, quien con un gesto liberase mi alma encadenada.

Y... acaeció. Fue en un jardín, que encontré al final de una senda empedrada. Un joven se paró delante del banco donde me hallaba sentado. “¿Me dejas tu gorro?”–dijo. Se lo di. “¿Nos hacemos una foto?”. La hizo. Me la enseñó... y le dije “¿Quién de los dos es el mendigo?”. Se rió... me reí... nos reímos.


16 de abril de 2012

CUANDO NOS ENCONTRAMOS



Anoche clavaste en mi cuerpo
la avaricia de tus besos;
devoraste la fragancia de mis poros,
como si fuera la última copa
que el tiempo te brindara.

Yo sin embargo,
te peregriné despacio;
tatuando con mis labios
cada hueco y altiplano.

Entre tu boca y la mía
la pasión se descolgó
a pasos agigantados.

El fuego de tus ojos
arrancó el ardor de mis entrañas;
y tendida en lo más profundo
de mi exaltación,
me abandoné a la locura.

Jurémonos que este delito
nunca se hará olvido.
Dejemos que este placer de la vida
sea un oleo pintado en el silencio.

Y para los amantes su amor desesperado podrá ser un delito, 
pero nunca un pecado  (Jose Angel Buesa)


14 de abril de 2012

VIDEO-POEMA (POR LA VEREDA)




Por la vereda de las sombras desciendo,
con el rigor del frío me encuentro.
Camino sembrado de verjas,
testigos mudos de mil quejas.

Raíces de árboles hundidos
que sujetáis lánguidos llantos.
Ramas venosas y secas
poseídas de espanto.
¿Quién os dejó con este aspecto?...
desaliñado y sin deseos...
no fue el otoño, ni el invierno
fue la primavera que os engañó...
dándoos esperanzas primero
para luego quebraos el corazón.

Muros de viejas piedras
a mazazos construidos,
pensasteis que el tiempo
os dejaría vivir tranquilos.
Chronos, así lo hizo
pero la pérfida hiedra
incesante acaricia y aprieta.
¿No os dais cuenta que os seduce
con su baile serpenteante,
para luego clavar sus caricias
en vuestro pacífico semblante?
Ahogados bajo su manto hipócrita
yaceréis de por vida;
lo que no cambió vuestro dios
lo transformó una amante herida.

Por la vereda de las sombras desciendo,
con el rigor del frío me encuentro.
Camino sembrado de verjas,
testigos mudos... que ven como te alejas.

13 de abril de 2012

TODOS SOIS GENIALES


Recojo el "testigo" que me pasa MEN. Primero quiero darle las gracias por acordarse de mi blog, y segundo me voy a saltar un poquito las normas porque es muy difícil nombrar a cinco blogs que tengan menos de 200 seguidores; además hace tiempo tuve que elegir algunos con menos de 100 y por falta de tiempo e inexperiencia, no lo hice. 

Como no puedo poner a todos los que sigo, que se lo merecen porque son estupendos, voy a nombrar a SIETE. Cada uno de ellos con su propio estilo llegan donde solo el sentimiento sabe hacerlo... a ese puntito del corazón que hace saltar las emociones.

Gracias de nuevo. 
Besos y abrazos.









11 de abril de 2012

DESHOJANDO DUDAS



Estar lejos de ti,
equivale a navegar en lo absurdo;
pensar en decenas de opiniones
que mi mente suelta
como cotorra sin freno,
mientras el sentido común
las almacena a regañadientes,
sin orden ni concierto
en un rincón de la desconfianza.
Luego, las promesas,
la lealtad, y el pacto,
salen como casta flor
dialogando entre risas,
que a mi me parecen burlonas.

Veo noches y amaneceres,
situados tras la luna celestina
de otros sueños que se aman,
que se escapan más allá de mis brazos.

Lo peor de todo es que cuando te miro,
solo veo palabras de humo blanco.

9 de abril de 2012

ENTRE LA SOLEDAD Y EL DESAMOR



No siempre se encuentra el abrazo en la mirada.
A veces la lluvia ni emborracha, ni cicatriza.
Yo cambio silencio por escarnio...
y yo este duelo incurable, por un réquiem caritativo.

y ambos callaron a la sombra de la nada.

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