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31 de mayo de 2012

SINTIENDO



Cogió el bolígrafo y esperó. Esperó que fluyese. En el colegio le habían puesto deberes; hacer una redacción sobre un sentimiento familiar. María optó por el amor. Intentó recordar qué momento podría describir. No le venía nada a la mente. Su madre había muerto cuando ella apenas tenía tres años. Vagamente recordaba su suave piel y unos grandes ojos azules llenos de ternura. Los besos y abrazos los soñaba, pero ya no sabía si eran fantasía o recuerdos guardados en algún rinconcito de su corazón.

Pasaban los minutos, y empezaba a desesperar. Quería llevarse el premio que la profesora había prometido. Nadie sabía qué podía ser, solamente les dijo que nunca en la vida olvidarían el momento de recibirlo.

Cuando llevaba media hora de reloj, se acordó que quizá su padre la podría ayudar. Fue al salón, sabiendo que le hallaría sentado en el sofá con una cerveza en la mano. Reflexionó unos segundos sopesando si sería buena idea. “Él tiene que saber de amor, al fin y al cabo se casó con mamá”. Con el bolígrafo preparado a escasos dos centímetros del cuaderno, preguntó a bocajarro:

Papá ¿me puedes hablar del amor?
¡Eh! –dijo éste, sin dejar de mirar la pantalla del televisor.
Tengo que hacer un trabajo hablando del amor –repitió María procurando no alzar al voz.
Y a mí, ¡qué me cuentas! –dijo antes de llevar nuevamente la lata de cerveza a la boca.
Pues porque tú tienes que saberlo. Querías a mamá ¿no?
A tu madre... ni la nombres –añadió con rabia a la vez que se enderezaba en el sofá.
Entonces... ¿me puedes dar un abrazo? –solicitó María tímidamente–, así a lo mejor lo entiendo.
¿Abrazo?... Déjate de gilipolleces y vete a hacer lo que te hayan mandado.
María volvió a su cuarto cabizbaja. Ya no le dolía que su padre no jugara nunca con ella, ni que faltara a los actos teatrales del colegio; pero que no le diera un abrazo cuando más lo necesitaba... eso, no se lo perdonaría nunca.

Estaba tan triste, que escribió durante media hora seguida todo lo que su corazón y sus ojos lloraban. A media noche se levantó y volvió nuevamente sobre el papel. Siguió escribiendo hasta terminar tres hojas enteras. Después las arrugó y las tiró a la papelera. Ya solo le quedaba rabia. Su padre no la había ayudado a conseguir lo que ahora más ansiaba.

Tenía los ojos cansados. Apenas había dormido pensando que ya no tendría ese recuerdo que hoy en clase se hubiera ganado. Se acercó a la papelera y recogió las rugosas hojas. No podía defraudar a su profesora. Tenía que justificar que lo había intentado.

Preparó un pequeño bocadillo, y antes de abandonar la casa se asomó al salón. Allí seguía su padre. Dormido, y roncando. Estaba convencida que esos enormes gruñidos le hacían cada día más inhumano. Ya no sentía rabia cuando lo miraba; solamente pena, como siempre.

Desde el pupitre escuchaba atenta y maravillada los relatos de sus compañeros. Cada palabra que salía de sus bocas eran caricias para su apenado corazón. Casi todos habían escogido “su tema”. No sentía envidia, al contrario, se dejaba llevar por el sentimiento intentando hacerlo suyo por unos instantes.

Llegado su turno se levantó deseosa de acabar cuanto antes. Leyó sin levantar la vista de lo escrito. Con amargura salían sus palabras ¡Qué distintas a la escuchadas anteriormente!, pensaba. Las suyas anunciaban a voz en grito el abandono, que sentía cada mañana al despertar; el desamparo, en esas noches oscuras llenas de miedos; la tristeza de ver a su padre cada día más deprimido; el aislamiento cuando enfadado la castigaba durante horas en su cuarto... Cuando terminó se dio cuenta que acaba de hablar de la Soledad. Ése era el único sentimiento que inundaba las cuatro paredes de su casa.

Al levantar la vista, los ojos llorosos de sus compañeros la miraban fijamente. Todo pasó en cuestión de segundos. Se abalanzaron sobre ella y la abrazaron con ternura. El premio fue para todos. Nunca lo olvidarían, como dijo la profesora.

Ahora ya podría hablar de amor, aunque no fuera el paterno.




PREMIO DE MARTA ALICIA




Este inesperado premio me lo ha otorgado Marta Alicia Pereyra Buffaz. Muchas gracias.
Su blog http://libelularias.blogspot.com.es/ está repleto de buen hacer y en concreto su última entrada son unos espléndidos haikus, que recomiendo leer. Me encanta este tipo de poesía.

Las tres condiciones son mencionar al blog que lo otorga. Escribir una frase que nos defina y regalarlo a otros diez blog.

Frase: La fantasía nos hace soñadores y la realidad nos despierta de golpe, así pues soñemos con la lluvia antes que caiga el trueno.

En cuanto al regalo, sinceramente no sé a quienes otorgarlo, pues son muchos los blog originales y estupendos. Así que saltándome las normas lo regalo a quien desee llevárselo, que seguro se lo merece. 

24 de mayo de 2012

CUANDO EL VIENTO PASE (microrrelato)




La brisa era tan ligera, que apenas el ardiente capitel de la esbelta columna se estremeció. Ella y ochenta compañeras más, realizaban su cometido satisfechas de contribuir a que la sapiencia siguiera con su viaje en el tiempo. Altivas y expectantes conocían muy bien el papel que ejercían en la historia. Eran parte importante de ese templo, que una vez al año, se engalanaba para festejar que la vida seguía su marcha imparable. A su alrededor los alegres invitados coreaban animando al protagonista de este acontecimiento tan deseado.

La segunda envestida fue un poco más potente, pero tampoco consiguió su objetivo. El suave aire se disipó entre sus amarillentos fustes; aún así, aguardaban estoicas. Tras un nuevo silencio sabían que vendría la definitiva... 1, 2, y 3 y esta vez el viento huracanado consiguió el objetivo. Cada una de las llamas situadas al final de sus largos cuerpos se apagaron al unísono. Terminaron complacidas con el sabor dulce del deber cumplido.

¡Felicidades abuelo! –gritaron ahora los vientos.


23 de mayo de 2012

SOLO SOMBRAS



Bajo nuestros pies nacen sombras,
que portan el peso de nuestros fracasos.
Cheposas caminan sosteniendo y almacenando
nuestros silenciosos aullidos.

Celadoras en negro
con entrañas de pulpa jironada,
que ni se venden ni compran,
solo encarcelan ángeles petrificados,
que se contonean insomnes
bajo un proyecto de luz.

Recostadas en paredes
que ocultan fracasos,
o cicatrizando heridas
en suelos de gélido mármol.
Agonizantes viven en el hueco del tiempo,
hasta que la palabra se muera.

21 de mayo de 2012

MIENTRAS ESPERO




Que me busquen mariposas
de alas tatuadas,
de letras indelebles,
de fragancias destiladas.
Que la brisa aparque en mi cabello,
vastos horizontes de rojos destellos.
Que los trigos se mezan entre las amapolas,
y las margaritas engalanen concesiones,
en los bordes de mi boca.

Que los murmullos de la tarde
hagan caricias de tu mirada,
y el roce de mis manos
traiga la noche como invitada...
y por mucho que brame el viento,
y a poco que aúlle la luna,
nuestras voces atravesarán laureadas,
mares altivos y silentes dunas.

Que me surquen tus brazos
desde la tierra empapada
mientras duerme en mi vientre,
la semilla germinada.

18 de mayo de 2012

MI SORPRENDENTE CUENTO DE HADAS




Me he dado cuenta que mi perro llora. Ya sé que todos los perros lo hacen y más si son cachorros; pero es que el mío ya tiene 4 años. El sonido que emite “Dalton” es un auténtico sollozo, y además, si lo miro a los ojos, están tristes y acuosos; de hecho creo que el otro día, era una lágrima lo que caía por un lateral de su bigote. Yo le hablo para consolarlo, y él me escucha. Se queda parado delante de mí, levanta sus orejas dejándolas tiesas, y le pregunto si acaso no es feliz, si no le tratamos bien, si necesita algo más. Entonces se sienta, abre la boca como si fuera a decir algo, y la vuelve a cerrar para terminar tumbándose en el suelo. Yo le llevaría a un psicólogo; pero supongo que mis padres pensarían que estoy loca.

Hoy me ha dicho mi amiga Susana que tal vez sea un príncipe, y esté encantado. No lo creo, la contesté. Pues hay hechiceras muy malas, me aseguró. Ya lo sé, yo tengo a mi vecina de arriba que según palabras de mi madre, es una verdadera bruja. Así que me he sentado delante de “Dalton” y le he mirado fijamente; él ha hecho lo mismo. Inteligente es, no cabe duda; aspecto también, es muy guapo; y además el nombre que le pusieron en la perrera, es muy distinguido. ¿Eres un príncipe?, le pregunto directamente. Ladea la cabeza y abre más los ojos. Parece sorprendido. Quizá sea porque lo he adivinado, o tal vez el conjuro le haya desmemoriado.

No dejo de observarle. Si hasta comiendo es muy fino, coge las bolitas de una en una; y cuando bebe agua no derrama nada. Para dormir prefiere el gran cojín del sofá; y para jugar nada de palos, solo su pelota ¡azul! Cuando lo baño se queda muy quieto, y cuando lo cepillo igual; es como si estuviera acostumbrado. Me parece que el día de hoy pasará a la historia. Cuando me lleve mi madre al parque –solo tengo nueve años– intentaremos mi amiga y yo, transformarlo.

¿No vas a jugar?, grita mi madre. La contesto que estoy esperando a Susana. Tarda y ya me estoy poniendo nerviosa. ¿Dónde tendré que darle el beso?, ¿en la frente?, ¿en la boca?... ¡qué asco!... se lo daré en la punta de la nariz, supongo que dará igual, lo importante es dárselo con los ojos cerrados... que eso sí lo he leído en los cuentos. Como no aguanto más, decido hacerlo ya. Le indico que suba al banco, y me obedece enseguida. Estoy segura que él también sabe el cambio que va pegar su vida. Me mira, lo miro. Me acerco a su “trufita”, cierro los ojos, y le doy un ligero beso. Ahora no sé cuánto tiempo tengo que esperar para abrirlos. No lo había pensado. Si lo hago muy pronto, quizá no se deshaga el hechizo. Esperaré un poco.

¿Qué haces con los ojos cerrados? –dijo la voz de Susana.
Esperando que se rompa el maleficio –contesto sin moverme–. ¿Y “Dalton”? ¿Es rubio, o moreno?
Me temo que sigue siendo marrón, y se ha ido con una novia perruna.

Abrí los ojos al tiempo de verle retozar alegre en el césped.

¿Sabes Susana? Creo que no existen los príncipes azules.

Hoy después de tres noviazgos rotos, nada me sorprende. Hace ya veinte años que descubrí la cruda realidad.

16 de mayo de 2012

SIN TREGUA




Hagamos mil contiendas...
sin espadas, ni defensas.
Comencemos cruzando nuestras miradas...
así... apasionadas e impetuosas.
Lancemos nuestros presurosos dedos,
como flechas certeras sobre la fresca explanada.
Convirtamos en peones
nuestras lenguas adictas,
y exploremos sus húmedas cuevas
en abrazos de lujuria.
Déjame que desgrane con besos
los aromas nacientes de tu pecho acalorado.

Desde mi garganta
te susurraré maliciosa,
palabras que te inciten
a buscar en mi valle
la victoria...
y caerás en la trampa...
que tú... mi guerrero valiente,
sabías que te tendía,
desde que atravesaste
el abrupto desfiladero.
Y mientras el liquido salobre
cubre nuestros cansados cuerpos,
pondré la bandera de mi rendición,
bajo tu estandarte de acero y fuego.

Las batallas que yo quiero,
que sean sobre sábanas azules,
bordadas de blanco mar.

13 de mayo de 2012

DE PUNTILLAS


Obra de Ernst Ludwig Kirchner

Llegó con sus largas piernas,
un aciago día.
Pasó sin llamar, silenciosa y dolorida.
Me pilló de sorpresa,
mientras amarraba nubes,
entre azucenas marchitas.
¡Era persuasiva, la muy ladina!,
y de una belleza tan pura, como exquisita.
Con todo ello,
¡quién iba a negarse, a ser su amiga!

Formamos una pareja,
de las que dan envidia;
pues nunca nos separamos,
ni de noche, ni de día.
Y al final pasó... lo que imaginas;
que trajo con ella, lo que más quería.

Un triángulo amoroso formamos:
la Soledad, la Amargura,
y esta existencia mía;
que ni sueña, ni duerme,
ni de dolor se vacía.

9 de mayo de 2012

UNIFORME VERDE






Su entrada en la cafetería del hotel, pasó inadvertida para casi todo el mundo que se hallaba dentro. Era un acto cotidiano, que los cuatro hombres vestidos con uniforme verde, tomaran allí su desayuno. Solamente Edurne se inquietó. Su acompañante intentó calmar su agitación.

–¡Tranquila! ¿Por qué miras preocupada?
–No ves que hemos dejado el coche pisando la raya amarilla. ¡Solo faltaba que nos pusieran una multa! Y todo por no querer aparcar enfrente.
–Sabes que no me gusta dejarlo fuera de la vista. Además, seguro que aún no han empezado su jornada laboral –comentó sin ápice de nerviosismo.
–Pues el más joven no deja de mirar hacia aquí – añadió Edurne todavía inquieta.
–Será porque eres muy guapa –dijo Ignacio retirando con su dedo índice el mechón que caía sobre la hermosa cara de su novia.
–No digas tonterías –añadió ella, obviando por un momento la escena que acaparaba su interés.
–No lo son. Siempre llamas la atención, y eso un día nos puede traer problemas –comentó mirándola embelesado.

Escasamente diez minutos más tarde, los cuatro guardias civiles se dirigieron a la salida conversando animadamente, y haciendo caso omiso del resto de clientes. Una vez se cerró la puerta de acceso, Edurne se acercó a la gran cristalera para observar tras los visillos a las dos parejas. Solo uno de ellos miró de refilón el todoterreno mal aparcado, pero enseguida se unió a su compañero para subirse al suyo situado delante. La otra pareja, cruzó hasta el aparcamiento para arrancar de inmediato en dirección contraria.

–Ya se han ido –dijo Edurne más serena.
–¡Ves como no ha pasado nada! –añadió su novio, mientras recogía las monedas del cambio.
–Sí, pero uno se ha quedado mirando el coche, y ¡adivina quién!
–Vámonos y no le des más vueltas –dispuso Ignacio, a la vez que guardaba la cartera.

––––––––––

Ricardo apenas llevaba cinco años en el Cuerpo, frente a los treinta de su compañero. Las buenas notas conseguidas en la oposición y posteriormente en la Academia, más los tres años en el País Vasco, fueron decisivos para que consiguiera el destino por él deseado: su pueblo. Era una persona con la que todos deseaban compartir conversación. Amable, jovial, eterno amigo, y con una percepción tan especial para los detalles, que sus compañeros le llamaban con sorna, pero con cariño “el adivino”. Jugando al poker era un “crak”; no había manera de engañarle.

Siete minutos más tarde llegaron al siguiente pueblo. Pararon en el cruce de rigor, dispuestos a dar entrada al largo vehículo que llegaba con mercancía fresca para abastecer uno, de los dos grandes centros de alimentación con que contaba ese municipio. Tras unos minutos de maniobra, el camión consiguió encajar el “trailer” dentro del almacén. Ricardo retrocedió hasta el borde de la carretera para dar paso a los pacientes automovilistas.

Cuando reconoció el “jeep”, parado a escasos veinte metros, algo se agitó en su interior. Su estómago dio un vuelco que su mente no supo interpretar. Sabía que en breves segundos volvería a distinguir el rostro que quedó grabado en su memoria. Ansiaba esa porción de tiempo como si en ello le fuera la vida. Solo dos metros más... y por fin la vio. Se alegró que no fuera ella quien condujera, de esta manera podía contemplarla de cerca. Sus miradas se cruzaron tan solo dos segundos, y lo que vio y sintió, marcó su razón durante más tiempo del que creyó.

–Ricardo ¿te ocurre algo? –dijo su compañero situándose a su lado.
–No –contestó desconcertado.
–¡Chico pues no lo parece! Tienes una cara como si hubieras visto al diablo.
–¡Qué va! –dijo dándole una palmada en el hombro. ¡Anda! ¡vamos!

––––––––
–¿Qué te pasa? ¿Ya estás otra vez nerviosa? –comento Ignacio, encendiendo otro cigarro.
–¿Te has fijado que eran los mismo guardias que había en la cafetería? –dijo Edurne volviendo preocupada la cabeza hacia atrás.
–Yo no... pero veo que tú sí. ¿Qué pasa que alguno te ha hecho “tilín”?
–¿Ya estás como siempre? Lo que pasa es que me fijo en las cosas.
–¿Llamas “cosas” a la Benemérita? ¡Chica que manera de degradarla!
–Déjate de chorradas, y a ver si espabilas y dejas de ser tan confiando.
–¡Pero si no hemos hecho nada! Por una raya mal pisada, y ¡la que montas!

Fueron en silencio durante veinte kilómetros. Edurne no entendía como podía aguantar a un capullo como Ignacio. Aunque algunas veces era cariñoso, la mayoría le sacaba de quicio. Presuntuoso, engreído, fanfarrón, todos los calificativos se quedaban pequeños para describirlo. Cuando se lo presentara Daniel, hacía ya dos años, fue precisamente lo que le atrajo de él; aunque en aquella época no tenía estos defectos tan marcados. Ahora, sino fuera por su maldito vínculo profesional, le hubiera dejado abandonado en cualquier ciudad por la que deslizaba su existencia cada vez más vacía.

–Venga, no seas borde cariño, alegra esa cara –dijo Ignacio poniendo su mano sobre el muslo de ella.
–¡Déjame en paz! –añadió Edurne enfadada y retirando la pierna bruscamente.
–¡Pero cómo me gustas cuando te pones tan brava!
–Olvídame.
–Solo nos quedan un par de kilómetros para llegar. ¿Estás preparada? –comentó Ignacio conciliador.
–Yo siempre estoy preparada, a pesar de que me alteres los nervios.

Él miró para el frente, como siempre confiando en que todo saldría bien... como así fue.

––––––––––––––––

Llevaban media hora en el puesto de vigilancia situado a cinco kilómetros de la capital. Era un punto estratégico donde solían aguardar el aviso de los compañeros ante un exceso de velocidad de algún conductor no muy cabal.

–Vaya mañana más larga que se me está haciendo –dijo Rafa.
–¿Y eso?, porque aún nos queda jornada. Apenas son las doce y media –añadió Ricardo mirando el reloj.
–Es que estoy deseando que llegue esta noche. Voy a tener una cena romántica con Ana.
–¿Pero no es mañana vuestro aniversario?
–¡Ya!, pero quiero adelantarme para darle una sorpresa –añadió ilusionado.

Un aviso por radio cortó la conversación y el aburrimiento. Tras el accidente de tráfico ocurrido el día anterior tres pueblos más abajo, recibieron la orden de efectuar un control de alcoholemia.

Mientras Rafa procedía a la verificación de los niveles, Ricardo seleccionaba según su criterio el coche que debía abandonar momentáneamente su recorrido. ¿Era su imaginación la que dibujaba en la lejanía el coincidente todoterreno?, ¿o era una turbadora realidad? Aún no lo sabía cuando decidió alzar el brazo una vez se acercase. No podía dejar pasar otra ocasión, quizá la última, de ver esos enigmáticos y discordantes ojos adornando esa hermosa cara. A unos treinta metros, y casi podía distinguirlos. Notó el corazón acelerado según sentía su presencia.

Un gesto de Rafa le advirtió que se dirigía al coche patrulla; ésto evitó que le pidiera el cambio de tarea. Con el brazo en alto y la indicación de echarse a un lado, el “jeep” aparcó en la explanada.

–¡Buenos días! –saludó haciendo el obligado gesto.
–¡Buenos días agente! –correspondió el conductor.
–Control de alcoholemia. Si es tan amable –dijo Ricardo, ofreciendo la boquilla para su colocación en el etilómetro.

Mientras Iñaki desenvolvía el pequeño tubo, Edurne miraba al frente. Nerviosa, no paraba de mover frenéticamente la pierna derecha, casi al mismo ritmo que machacaba una y otra vez el desgastado chicle que bailaba en su boca. Estos movimientos no pasaron inadvertidos a Ricardo, que observaba extasiado el vaivén de sus carnosos labios. Hipnotizado ante esa escena de seducción encubierta, no oyó la voz de su compañero. Tuvo que sentir como Rafa tiraba ligeramente de él, para volver de un irrealidad que le absorbía lentamente.

–Acaban de avisar que ha habido un atraco en un Banco de la calle del Carmen. Enviarán otro coche ahora mismo. Debemos cortar la carretera, ya –dijo nervioso.
–Espera, ¿no sabes nada más? ¿Cuántos eran? ¿Cómo han huido?
–Solo me han dicho que eran dos. Iban con monos y caretas, y han escapado a pie; así que tampoco saben que tipo de coche llevan. Hay efectivos en la zona revisándola de arriba abajo.

Ricardo sintió por segunda vez como su estómago se estremecía, aunque esta vez no era por el mismo motivo. Se acercó un poco más a su compañero.

–Escucha. Vigila a la chica, que voy a hacer una comprobación.
–Es que no podemos perder el tiempo. Tenemos que poner el control rápidamente. Son órdenes.
–¿Y si son éstas las dos personas que buscan?
–Pero si estaban aquí cuando hemos recibido el aviso.
–Y qué tendrá que ver ¿Acaso sabes cuánto tiempo hace que ha ocurrido el atraco? Apenas estamos a cinco kilómetros; y si tenían un coche cerca, sabes que en menos de diez minutos estarían fuera de la ciudad.
–¡Qué pasa es otro de tus pálpitos!
–Puede. Pero hoy es la tercera vez que nos cruzamos con este vehículo.
–¡Joder macho! Yo no los he visto en todo el día ¡vaya retentiva! ¡En fin! Vale, pero date prisa antes de que lleguen los otros... y ten cuidado.

Con cautela se acercó al todoterreno.

–Por favor, ¿puede apagar el motor y bajar del coche?
–Pero... ¿no era un control de alcoholemia? Si aún no lo he hecho para saber si doy positivo o no –dijo Iñaki un poco receloso, haciendo sin embargo caso de las indicaciones.
–Por favor, abra el maletero.

Una rápida mirada hacia la joven antes de acompañar al conductor a la parte trasera, provocó que ésta girase su esbelto cuello. Por un instante se cruzó la ambigüedad de unos atractivos ojos, con el oculto afán de la búsqueda de la verdad de otros. Tristeza, desidia, cansancio, ayuda, amparo, gritaban los verdes iris de la muchacha. Ricardo la dejó con su silencioso aullido de socorro, mientras la angustia bañaba su garganta.

–Gracias. Póngase ahí –dijo señalando un punto situado a escasos dos metros de su vigilante compañero.

Viendo la tranquilidad con que actuaba el conductor, dudó por un momento si no se habría equivocado; si no sería el deseo de sentir la presencia de ella, lo que estaba haciendo que les adjudicase un hecho que quizá ni por asomo se les habría pasado por la cabeza. “No, algo me dice que tengo razón. Tantas coincidencias... y esos ojos...”

Poco objetos ocupaban el habitáculo trasero. Apenas una manta de viaje, un caja de herramientas y un bolsón. Abrió este último para proceder a su revisión. Solo ropa.

–Perdone ¿es que ha ocurrido algo? –dijo Iñaki, dando un paso al frente.
–Por favor, espere donde le he indicado.
–Es que no entiendo nada. Me paran para un simple control de alcohol y ahora me registran el coche. Con todos mis respetos agente ¿me puede dar una explicación?
–Simplemente recibimos órdenes, y sentimos las molestias que podamos ocasionarles –dijo Rafa viendo que el registro no era fructífero.

Ricardo alzó el brazo con intención de cerrar el portón trasero y proceder a revisar el resto del vehículo. Detrás del reposacabezas delantero asomó, para su sorpresa, un rostro anhelante. Los ojos sugirieron que mirase abajo. Su mente lucubró rápido. Solo había un lugar más bajo que la plataforma del maletero y que estuviera dentro de él; y era el emplazamiento de la rueda de repuesto.

Con este aviso fortuito, ya no tenía dudas, pero le surgió otra. No había comprobado si el individuo iba armado. Con tantas prisas, tampoco le había pedido la identificación. Por otro lado, no podía extraer su arma, ya que no había verificado la probable mercancía –si la había–, y provocar una situación de riesgo, por una información no muy fiable.

Una mirada a su compañero, bastó para que éste estuviera alerta. Procedió a la apertura del habitáculo desenganchando el pasador. Al levantar la tapa, pudo comprobar que no había rueda. Ese espacio estaba ocupado por una bolsa negra.

Oyó un ruido de gravilla que le hizo girar rápidamente, echándose mano a la cartuchera.

–Estése quieto –dijo Rafa, apuntando con el arma al hombre que había hecho intención de agacharse.
Ricardo ante ese presunto ataque, se separó del coche, y con su arma empuñada se dirigió con precaución a la joven, indicándole que bajara despacio del coche y se situara cerca de su compañero. Enfundó nuevamente para acercarse al sujeto provocador de la tensa situación, y proceder así a su cacheo, bajo la atenta observación del arma de Rafa. Una pequeña pistola, fue lo que encontró sujeta en el tobillo.

Mientras esposaba a los detenidos, se oía el sonido in crescendo de una sirena. Rápidamente verificó el contenido de la bolsa. Un revólver y una navaja descansaban sobre un colchón de dinero.

Rafa llevó a Iñaki al coche patrulla y Ricardo se situó delante de Edurne.

–¿Por qué lo has hecho? –preguntó con la voz ahogada.

Edurne, no contestó; solo le miró a los ojos. Sabía que en ellos encontraría la respuesta. Era la única persona que podía entenderla solo con la mirada; lo supo desde que la cruzara con él por primera vez, esta mañana. No podía tener secretos para ese desconocido. “¡Lástima que fuera guardia civi! ¡Ironías de la vida!” –pensó.

Ricardo, entendió que no dijera nada. Ahora vio unos verdes ojos serenos. Y aunque serían otros grilletes los que atarían su cuerpo, los del alma se habían abierto.









6 de mayo de 2012

VIDEO-POEMA (Bajo las nubes)


http://www.youtube.com/watch?v=r8wW7I6Vak4

Asomé a la mañana,
apenas se abrieron las verjas del alba.
Cielo embravecido que saboreas
nubes de piel gastada;
que esparcen sus blancos cabellos,
desde tu lecho a mi espalda,
e invitan a mis ojos que miren
cómo las despeina el agua.

Laten los confines desnudos,
donde engendraré mis versos de paja;
donde espero la locura del viento,
sobre una silla de tierra perfumada.

Y si mi alma, es esencia de mujer,
que perdió amor y patria;
dime quién deja caer el llanto,
tras esos pasos que se arrastran.

3 de mayo de 2012

PRISIONERA

http://duendepoeta.blogspot.com.es/
En este enlace (blog de Jorge) podéis escuchar en su espléndida voz, todos los poemas que se apuntaron a la iniciativa de Mos.



Suspirando calla tras la máscara,
que la envidiosa niebla tejió.
Rostro sin ojos que observa, cómo la reviste 
de gris y humedad... poco a poco, golpe a golpe.

Ella... ¡ayer rebelde enamorada!,
que apenas nacía jubilosa,
contemplaba el retrato de su amado,
ahora oculta su pensamiento,
y mantiene el alma quebrada.

Su credo se cayó tras un disparo del otoño.
Hoy, llora en silencio la mañana.


Este precioso obsequio es de Lapislázuli. Muchas gracias por acordarte de nominar mi blog y por compartir, además de tus inspiradas letras, un poquito de ti. Paso a contestar tus preguntas.


1.- Si tuvieras que mudarte, donde irías?
No me importaría ir a Salamanca, donde nací, pero prefiero el pueblo (por herencia y sentimiento) donde nacieron mis padres, Valdenarros (Soria).
2.- ¿Que música escuchas?
Depende el momento, últimamente tengo a Serrat mareado.
3.- ¿Que películas prefieres?
Para ver en el cine, las de intriga y suspense. En casa las románticas, soy muy llorona.
4.- Salado o dulce
Salado, aunque cuando me da por los donuts, no hay quien me pare.
5.- ¿Que prefieres leer?
Cuando leo para desconectar, prefiero la novela negra; pero cuando estoy frente al ordenar, me gusta leer de todo lo que se publica en los blogs.
6.- y escribir poesía o prosa
Depende del momento. Hay días que tengo que escribir prosa porque estoy liada con algún relato, y sin embargo ese día la “inspiración” es poética. Simplemente disfruto escribiendo.
7.-¿ Prefieres ropa sport o elegante?
Depende la ocasión, pero como nunca la tengo para ir elegante, prefiero la de sport. :)
8.-Vacaciones en el mar o la montaña?
¡Uy! Es como escribir, depende... simplemente disfruto de las vacaciones :)
9.-¿ Te gustan los animales?
Me encantan. He llegado a viajar con una conejita, dos canarios y una perrita; dejando en casa un acuario que no me iba a llevar, claro. Ahora tengo a Chloe.
10- ¿Que tienen en tu mesa de noche?
Aparte de la lamparita, una foto familiar y un buhito de la suerte.
11- ¿Vino o gaseosa?
Vino con gaseosa. Soy poco bebedora y a nada que tomo se me hacen chiribitas en los ojos, si hasta con una clara, ya digo tonterías.

Las mías son:

¿Dónde naciste?
¿Te gusta echarte la siesta?
¿Prefieres los días lluviosos o soleados?
¿Cantas en la ducha?
¿Te gusta cocinar?
¿Desayunas con café o con cacao?
¿Prefieres escribir al aire libre (si el tiempo lo permite) o bajo tachado?
Alguna anécdota graciosa
¿Prefieres contar chistes o que te los cuenten?
¿Fuiste un niñ@ travieso@?
Alguna barrabasada que hicieras (que seguro la hay)

Y los blog nominados:



Y para terminar este post-regalo, quiero también haceos un obsequio a todos los que cada día os asomáis a este espacio. Es un verdadero placer contar con vuestra lectura, vuestra opinión y con ese cariño que demostráis. Mil veces gracias amigos.



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