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7 de noviembre de 2011

DOS SOMBRAS



Ella siempre soñaba,
que pintaba de dorado los planetas,
dibujaba pestañas a la luna,
y trenzaba la estela de los cometas;
y así, cuando la realidad
la ataba a su fría silla,
la miraba risueña,
sabiendo que la imaginación,
siempre deja puertas abiertas,
y la suya era tan grande,
que en ella olvidaba las penas.



Ella siempre soñaba,
que daba vueltas y vueltas,
se engalanaba de lluvia,
y se bañaba en la tierra;
y así, cuando el dolor
irrumpía en sus piernas
las cubría de verde tela,
y mientras sus ojos se asomaban
a las blancas azucenas,
su corazón escribía versos,
y sus manos, bellos poemas.

Ella dejó se soñar,
un día de primavera,
cuando un rayo de sol
llegó a su blanca silueta,
y sus ojos vieron la mía,
negra, opaca, y quieta.

La pesadumbre se apoderó de su alma,
y su mirada quedó absorta;
comprendió de repente
que ambas éramos sombras,
yo, plegada y callada;
ella, maltrecha y rota.

Somos prisioneras del olvido.
Renglones torcidos
en un mundo enmudecido.
Somos al fin y al cabo,
dos páginas de un mismo libro.

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