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11 de noviembre de 2011

RECELO





¿Acaso no puedo maldecir tu voz?

Miro, y el bullicio burbujeante
me hiela la sangre.

Cíclope de ojo blanco
que despiertas para quebrantar
el limpio aire con piroclastos.
Irrumpes en la historia reposada
de un pueblo pesquero,
suscitando insomnios
que no morirán en el recuerdo,
y aunque el presente, pronto será pasado,
tu existencia siempre será
un espectro alargado,
que vapulea nuestro miedo
y nos deja noches de espanto.

¿Acaso no puedo maldecir tu voz?

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