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27 de febrero de 2012

LOS PASOS ARRASTRADOS (novela juvenil - 4ª parte)



CAPITULO CINCO – EL ENCUENTRO


El lunes acometí con ímpetu la acción que me había propuesto. Me levanté a las nueve. Una ducha rápida. Desayune de pie una tostada, mientras se terminaba de hacer el café. Dejé los dos cacharros en el fregadero con agua, y me dispuse a salir disparada. Mi madre charlaba con Enriqueta e Isabel, ambas situadas al otro lado de nuestra mini–tapia de madera. No podía escabullirme formulando un fugaz buenos días, como había sido mi primer pensamiento, pues me pareció muy descortés no interesarme por Isabel.

–¡Muy buenas! ¿Qué tal te encuentras? –pregunté, a la vez que le pasaba una mano por el hombro y le daba un beso en la mejilla.

Verdaderamente le tenía cariño. ¡Era tan dulce! Quedó viuda muy joven. Su hijo era médico en Los Angeles, y este verano no iba a poder venir. Estaba muy orgullosa de él, pues había sido ella –como siempre decía– quién con su esfuerzo le había sacado adelante.

–¡Hola hija! Mucho mejor –respondió–. Es que ha sido horrible, y tu madre lo sabe. Encontrarla así... ¡pobrecita! –sollozó.
–Tranquila Isabel. Ya verás como te repones poco a poco –dije animándola.
–Eso espero.
–Si mi madre hubiera tenido llaves, no te hubieras visto implicada. Porque... tú eres la única del vecindario que tiene... ¿no? –dije expectante.
–Así es. Desde hace unos cuatro años. Un día se cayó en casa, y tuvo que estar una hora en el suelo hasta que pudo pedir ayuda. Yo también aproveché y le di una copia de las mías... por si acaso.
–Es que para eso están los vecinos... para echarse una mano –dijo Enriqueta–, y más a estas edades.
–¡En fin! Tengo que irme. ¡Cuidaos!

Me despedí dando un beso a mi madre, otro sobo cariñoso a Isabel y un hasta luego para las tres. Subí mi calle hasta desembocar en la segunda transversal. Esperé diez minutos el autobús... por llamarlo de alguna manera. La residencia geriátrica donde trabajaba Rosa estaba ubicada en un pueblo aledaño. A pesar de la corta distancia, el trayecto en estos “cacharros” se hacía pesado. De hecho creo que mi cuerpo llegó decorado con varios moratones. Anduve unos metros desde la parada y entré en el edificio. En recepción pregunté por Rosa. Tuve que esperar unos minutos hasta que apareció por un pasillo lateral.

–¡Hola Carlota! ¡Qué sorpresa! –dijo a la vez que me daba dos besos.
–¿Qué tal Rosa? Oye... siento mucho la muerte de tu tía. Yo la apreciaba... todos lo hacíamos. Era muy buena –solté con la voz entrecortada, ya que siempre me ha costado mucho dar el pésame.
–Gracias Carlota. Lo sé –agradeció apesadumbrada–. ¡Vamos a tomar un café!, que tengo un rato libre.

Rosa tenía un año más que mi madre, cincuenta y seis, y trabajaba en esta residencia como Auxiliar de Geriatría desde hacía cinco años. Antes, había realizado su labor en Aranjuez.

–¿Cómo quieres el café?
–Con leche y sin azúcar, gracias –dije colocada a su lado y discurriendo como plantear la pregunta.
–Dime. ¿Te puedo ayudar en algo? –preguntó.
–Pues... verás...
–¡Vamos! Con toda confianza –dijo al verme tan cortada.
–En el barrio todos se preguntan cuando va a ser el entierro... como ya han pasado cuatro días desde el fallecimiento. Yo he pensado que tal vez la tardanza se deba a que estén realizando la autopsia –planteé con voz dulce para no herirla, pues no sabía como podía tomarse una pregunta tan personal.
–Así es. Ya te comentaría tu madre que murió por un paro cardiorrespiratorio, provocado por un choque hipoglucémico.
–Sí.
–Me han confirmado que ha sido debido a una sobredosis, ya que los niveles de azúcar en sangre eran bajísimos.
–¿Sobredosis?
–Sí. Barajan la posibilidad del suicidio. Incluso me han preguntado si estaba deprimida.
–¿Suicidio? ¿Deprimida? ¡Si desde que llegué de Berlín, la veía muy alegre!
–¡Pues eso decía yo! El último día que vino a comer conmigo se lo comenté. Estaba más guapa que nunca.
–Perdona... dirás que me entrometo donde no me llaman, pero es que... ¿y si la muerte ha sido provocada?... y no precisamente por ella.
–¿Qué estás insinuando? –preguntó inquieta y asombrada.
–No sé como explicarlo... Verás creo que tu tía tenía una aventura.
–¿Una aventura? ¿Con quién?
–Con Ernesto.
–¿Con Ernesto? ¿Desde cuándo?
–No tengo ni idea, pero sí sé que tiene copia de las llaves. ¿Estabas al corriente?
–No. Mi tía no me dijo nada. Que Isabel poseía un juego, sí; pero nadie más. ¿Y que tiene que ver esto con la causa de la muerte?
–Exactamente, no lo sé, pero creo que Ernesto está más implicado de lo que parece –comenté con delicadeza, pero dejando en el aire la duda que me acompañaba.

Al segundo me arrepentí de la confidencia; en cuanto vi su cara de angustia. Sin embargo, no podía guardar mis suposiciones sin compartirlas con la única persona de la que podía obtener información de primera mano.

–¿Qué dices? ¿Por qué has llegado a esa conclusión... tan descabellada?
–Porque le he visto pasar dos noches a casa de tu tía, y una en concreto... la noche de su muerte.
–Pues si... según tú, tenían un romance, ¿cómo va a haberla matado? No tiene lógica –añadió Rosa con cara desencajada y haciendo rápidas lucubraciones.
–Ya, pero desde esa noche he observado en él un comportamiento muy inusual.
–Como ¿por ejemplo? –dijo abstraída por un segundo, para acto seguido centrarse de nuevo.

Le relaté los movimientos de Ernesto en la noche de “autos”, y los del día siguiente una vez retirado el cuerpo, así como todas mis sospechas. Creo que la mentalidad de Rosa no daba abasto a asimilar tanta elucidación, y no porque tuviera un intelecto exiguo; sino por la incredulidad ante la correspondencia de los “lances” por mí descritos, con lo acaecido a su tía.

–¡Tendrás que ir a la policía! –dijo.
–De momento no. En el fondo son solo conjeturas, pues aunque lo vi pasar, no sé a que hora salió. ¿Y si discutieron? y... perdóname... ¿se suicidó?, como apuntan los forenses. Una cosa son mis dudas, y otra muy seria acusar a alguien sin pruebas.
–Supongo que tienes razón.
–De todos modos seguiré pendiente de todo.
–Por cierto, esta tarde es el entierro. A las siete, en el antiguo cementerio. Por favor díselo a tu madre y a los demás.

Nos despedimos con una complicidad latente sustituta de la amable vecindad que existía hasta ahora. Quedamos en que vigilaría a Ernesto. Me hizo entrega de un juego de llaves por si precisaba indagar en casa de Rosalía.

CAPITULO SEIS – MÁS MUERTES

Bajé del autobús decidida a no perder de vista ni la casa, ni su habitante. Para mí, ya se había convertido en una batalla particular. Si realmente tenía otra personalidad oculta tras esa fachada seráfica, pondría todo mi empeño en descubrirla. De hecho no tenía otra cosa que hacer.

Mi primer vistazo en cuanto encarrilé mi calle, fue para su adosado. Todo tranquilo. Por la hora que era supongo que estaría repartiendo su ayuda diaria. Luego miré hacia la casa de Rosalía, y reflexioné un instante... ¿En qué momento podría ejecutar mi asalto? Si accedía durante las horas diurnas... estaba expuesta a que me vieran, que por otro lado no tendría mayor importancia; y si lo hacía durante la noche... me sentiría como una vulgar ladrona. ¡Que dilema!

Entré en el salón buscando a mi madre para contarle las últimas novedades, pero la encontré acompañada de Isabel, así que preferí posponer la charla para más tarde.

–¿De dónde vienes?
–De ver a Rosa. He ido para darle el pésame y me ha dicho que esta tarde es el entierro. A las siete.
–Pues sí que han tardado. ¿Sabes si al final le han hecho la autopsia? –preguntó Isabel.
–Sí.
–¿Y cuál ha sido la causa? –añadió.

Isabel me miraba curiosa esperando una respuesta. Mi madre efectuando una descomunal abertura de ojos y un ligero vaivén de cabeza, me condicionaba claramente a decir que no.

–Ni idea. Esta tarde le preguntaremos.

Las dejé hablando de enfermedades. Materia trillada a esas edades, incluida la de mi madre, que últimamente a “nadita” que tenía, sacaba el tema y no paraba. Subí a mi dormitorio y sin perder de vista mi objetivo, me conecté a internet.

Aproveché para ojear las noticias del día. Entré en “todalaprensa.com”. Fui pinchando y cotilleando por varios periódicos. Después de cinco minutos de irremediables comentarios por mi parte ante tanto caos e incertidumbre, llamó mi interés un titular del periódico donde trabajaba mi padre.

HALLADO EL CADAVER DE UNA INDIGENTE CON UN FUERTE GOLPE EN LA CABEZA”

Una indigente ha sido encontrada muerta en un parque de Calande. La fallecida presentaba un fuerte golpe en la cabeza. Debido a su estado de embriaguez, la policía cree que este hecho ha sido el desencadenante de la posible caída que le ha provocado la muerte. La mujer de unos setenta años, era habitual del albergue “El Hogar” situado en la misma localidad. Una vez acabada la intervención de la policía científica, el cuerpo ha sido trasladado para su examen al Instituto Anatómico Forense.

28 comentarios:

  1. No soy muy enclenque ni me asusto de muchas cosas, pero con tanto fiambre ya me está entrando el canguele.

    Besos Teresa.

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  2. Querida Teresa, aqui estamos adheridos esperando el desenlance, en este hay una apertura mayor de la intriga
    Un abrazo

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  3. Más intrigados todavía.... No demores el desenlace amiga Teresa, nos tienes en ascuas. Besitos.

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  4. Le descubrirán, ya van dos muertas.
    Teresa, se dice que no hay dos sin tres, ¿la otra para cuando?
    Besos, muy buena noche

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  5. Mañana más.

    Rafa no me digas que te da miedo jejeje.
    Y lo que queda Lapislázuli.
    Ultima parte el jueves noche Campanilla.
    Verónica no seas impaciente jejeje.

    Besos a todos.

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  6. Teresa esperando me tienes a leer el final del desenlance y yo e pregunto ¿Quien será mata ancianas ?

    Besos de MA.

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  7. Bueno, bueno, bueno...bueno; esto se está poniendo al rojo vivo ¡Osú!¡Que angustia! Carlota está que se sale investigando de un lado para otro y ahora cuenta, se supone, con la complicidad de Rosa...¡buff!¡Que siga!
    Un abrazo, Teresa.

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  8. Maravillosa forma de llevar al lector por los intringulis de la intriga, para imposibiliar que nadie se quede a medio camino...

    mis felicitaiones...seguiremos pendient es...

    saludos

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  9. Aquí estamos todos "enganchados", ya van dos muertos, ¿cuántos quedan más?. Está entrando en el climax de la intriga. Gracias, Teresa, por este relato tan apasionante.

    Besos

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  10. Me temo que hemos topado con un asesino-a, en serie. A ver cómo se desarrolla en adelante la trama.

    PD: me gustaría tener la novela entera y leerla en papel

    Besos

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  11. Buenos días Teresa, esto se está poniendo al rojo vivo...
    Muy interesante, hasta el prosimio capitulo, un bonito día para ti.
    Un puñao besos.

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  12. Bueno...pues seguiremos la trama que se asoma intrigante...con visos de mas tragedia...porque seguramente asi no quedarà...
    Felicitaciones, logras mantener al lector al filo del asiento...

    abrazos


    p.d.
    ¿Ya la publicaste en Bubok?

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  13. Buenas tarde a todos amigos. Ya queda menos para el siguiente capítulo.

    Contestando a Trini y a Adelfa, os diré que quizá para primavera la publique junto con algún relato. Suelo hacerlo con la editorial Casa Eolo, donde además de editarla en papel se puede descargar por 1€, ayudando de ambas maneras a la Fundación Bolskan (Asociación de Discapacitados Oscenses). Luego, quizá para verano (o antes, no sé) publique mi primer poemario (tengo otro como co-autora).

    Besos a todos y gracias por vuestro interés.

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  14. estamos en el climax absoluto, esto ya es pura elucubración y atar cabos
    Felicitaciones Teresa, nos tienes alerta y eso habña de una capacidad de narrativa super potente
    besitos y luz

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  15. Teresa, estoy ahí metida de lleno.
    Vamos a ver cómo se desarrolla la investigación particular.
    Como ya no soy tan osada, me lo paso que ni te digo acompañándola en las peripecias.

    Besos

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    1. Elisa, Verónica... ¿estáis en ascuas? Jajajaja tres capítulos más y se acabó.

      Besitos.

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    2. Sólo tres???

      Pues ya te estás poniendo con otra!!!

      Besos ***

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  16. Hola Teresa, me he perdido mucho de tu novela, es que no llego a tantos, si te empiezo no te puedo seguir.Pero al menos déjame que por hoy te deje mi buena voluntad de estar aquí y dejarte mi ternura
    Sor.Cecilia

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    1. Gracias por su sinceridad y su presencia. Me basta con saber que está bien.

      Besos de agradecimiento.

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  17. Hola Teresa, gracias por comentar Via fotográfica.
    Me gusta la novela negra, como metáfora de la realidad, a menudo uno aprende más cosas en novelas que en libros de texto. Quiero decirte que tienes una gran calidad literaria.
    Tu trajectoria lo demuestra.
    Adelante ¡¡¡
    Un abrazo

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    1. Gracias por tu elogio, pero solo soy una principiante que le encanta escribir... bien o mal, pero escribir.

      Besos.

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  18. Y sigue el desfile de asesinatos.

    Esto se pone interesante.

    Amerita la continuaciòn.

    Un abrazo.

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  19. COMO ME HE PERDIDO LA NOVELA, NO PUEDO COMENTAR PERO DEBO DECIR QUE, POR LO QUE HE LEIDO, ERES UNA EXCELENTE NARRADORA.

    YO TAMBIÉN TENGO MI NOVELA POR LA MITAD, ES DIFICIL SEGUIR LA TRAMA POR SEGMENTOS.

    TE DEJO UN BESO ENORME AMIGA MIA Y PERDONA.

    CARIÑOS

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    1. ¡Hola Luján! No te preocupes de momento la dejaré colgada por si alguien la quiere releer. La falta de tiempo provoca que no podamos seguir novelas que ya llevan un tiempo puestas. A mi también me pasa con algún compañero.

      Otro gran beso para ti y ya sabes que no hay nada que perdonar.

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  20. Esto es como las series de la tele, que estás deseando que llegue el capítulo siguiente. Teresa, has conseguido mantenernos en vilo y esperar expectantes la última parte.
    Aquí estaremos. Tiene que haber más muertes, seguro. Sigo pensando en la inocencia de Ernesto.

    Un abrazo de Mos desde la orilla de las palabras.

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    1. ¡Ay que misterio! jejeje Empieza la cuenta atrás.

      Besos Mos.

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  21. Bueno ya me he puesto al dia, jajaja te has puesto como loca a escribir y yo no doy a basto jajaja. Estoy intrigadísima. Me encanta como escribes. Jolin con el abuelito.. nos habrá salido rana? En cierta manera estoy deseando saber el final. Un bessito

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