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28 de febrero de 2012

LOS PASOS ARRASTRADOS (novela juvenil - 5ª parte)



Ya no sabía que pensar. ¿Otra casualidad? No tenía por qué ser la misma mujer que había visto en el parque, pero lo que estaba claro es que vivía o frecuentaba el albergue donde colaboraba Ernesto.

La voz de Isabel me llegó desde la calle. Avancé con discreción el último metro que quedaba hasta la ventana y pude observar que mantenía una conversación bastante fluida con Ernesto. ¿No estaría tramando alguna maldad contra ella? Expié un rato, y como no quería deambular sin rumbo en los juicios que mi mente manipulaba, bajé a la cocina para averiguar los adelantos culinarios de mi madre para ese día.

–¿Qué me querías decir antes con tanto gesto? –pregunté.
–No quería que entrases en detalles. ¡Ha pasado tanto la pobre! Ya se enterará por Rosa.

Le puse al día de mi visita al geriátrico, sin contarle mi intención de allanamiento con permiso, que proyectaba, ya que conociéndola se pondría histérica.

–Por cierto, ¿sabes que ha aparecido muerta una indigente?
–¿Otra? –respondió mi madre, parando por un minuto de remover el guiso.
–¿Cómo que otra? ¿Es que ha habido alguna más? –pregunté incrédula.
–Sí, hace... un mes, más o menos. En el parque de allá abajo.
–¿Y de qué murió? ¿No sería de algún golpe?
–No. Por una sobredosis.
–¿Y también paraba en el albergue del pueblo?
–No lo sé. Supongo que sí, porque Ernesto dijo que la conocía.
–Voy arriba a ver si localizo la noticia –dije corriendo hacia las escaleras.
–Comeremos en seguida. En cuanto llegue tu padre –grito mi madre.

Ahí estaba:

INVESTIGAN LA MUERTE DE UNA INDIGENTE OCURRIDA EN LA LOCALIDAD MADRILEÑA DE CALANDE”

El Grupo de Homicidios del Cuerpo Nacional de Policía, ha abierto una investigación para determinar las causas de la muerte de una indigente, cuyo cadáver fue descubierto en el parque de La Gaviota en el día de ayer. Fuentes próximas a la investigación apuntan como posible causa de la muerte una sobredosis de heroína. El cuerpo sin vida ha sido remitido al Instituto Anatómico Forense, donde esta mañana se le practicará la autopsia”.

¡Nada más! Miré en fechas posteriores y no volví a encontrar más información. Calibré los hechos y la posible correlación entre ellos. “Dos mendigos... mujeres, Rosalía... mujer. Todas fallecidas en menos de dos meses y justo... después de la muerte de Elena, y además relacionadas de una forma u otra con Ernesto. Por otro lado está el fallecimiento de su padre a manos de un vagabundo... y borracho. Esto puede ser que tenga cierta analogía con las dos indigentes, pero lo que no me cuadra es la muerte de Elena y de Rosalía. Tal vez, su esposa lo descubrió, y ante el temor de ser denunciado, planeó su asesinato de tal forma que pareciera natural... sin embargo, por segunda vez no me cuadra Rosalía, y menos si tenía un lío con ella”.

La llamada de mi madre me sacó de la meditación. Mi padre acababa de llegar, y la puntualidad en la comida era sagrada. Trabajaba como editor en el periódico digital de la zona, y había días que su jornada se extendía algo más de lo normal, pero no le importaba. Su trabajo le gustaba, estaba cerca de casa y tenía libres dos fines de semana al mes.

–¡Hola papá! –dije dándole un beso y sentándome a la mesa.
–¡Hola hija!
–¿Qué tal el día?
–Como casi siempre... agotador.
–He leído lo del indigente. ¿Sabéis algo más de lo publicado? ¿No ha podido ser un homicidio?
–En principio no, porque han hallado sangre en una parte del banco donde creen que se ha golpeado al caer. De todo modos van a hacerle un examen post–mortem, así que supongo que si encuentran algo raro, nos lo dirán.
–Y la otra indigente que falleció en el parque ¿murió realmente de sobredosis? No volvisteis a realizar más publicaciones sobre el tema.
–Porque no había nada que informar. No volvimos a saber más, por lo que suponemos que el caso estará cerrado.
–Y con la aparición de este cadáver... en el mismo sitio, ambas mujeres y en tan corto espacio de tiempo ¿no os parece extraño?
–Esta mañana lo hemos estado comentando, pero dependemos de la información policial, y mientras no nos la faciliten, no podemos hacer nada.
–¿Es que no podéis investigar por vuestra cuenta?
–No hija, no tenemos presupuesto. Además hasta ahora tampoco había nada que indagar.

Mi madre callada, escuchaba, y me miraba expectante e interrogante. No hice más preguntas, pues veía que tampoco había respuestas.


CAPITULO SIETE – LA CASA DE ROSALÍA

El siguiente paso que planifiqué, era pasar a casa de Rosalía. No sé qué esperaba encontrar, pero quería verme inmersa en el lugar testigo del drama, e intentar esbozar en mi mente cómo pudo desencadenarse la tragedia.

En principio se me ocurrió ejecutar el asalto de noche, pero después de sopesar cual de mis dos miedos pesaban más, ganó el temor a la oscuridad, con lo decidí asumir el riesgo a ser descubierta. Tampoco había por qué ser una imprudente, así que el momento idóneo sería... el de la siesta. Entre las tres y las cuatro, la calle solía estar vacía, exceptuando algún vecino que llegaba a esas horas de trabajar. Bastaba con estar un poco pendiente.

Alrededor de las tres y media mi madre dormitaba en el sofá del salón, y mi padre había vuelto al trabajo. Salí a la entrada de mi casa con relativa tranquilidad. Observé mediante una rápida inspección las casas vecinales, y crucé con paso acuciante la vía. Abrí la puerta del jardín y alcancé la blanca puerta lacada en ocho zancadas. Los nervios me jugaron una mala pasada y las llaves cayeron al suelo haciendo tal ruido que pareció retumbar en todo el barrio. Las cogí con celeridad y por fin conseguí entrar, cerrando la puerta y recostándome en ella como si hubiera dado esquinazo a un perro rabioso.

Encendí la luz, pues las persianas estaban bajadas. Pasé del vestíbulo al salón. La decoración era recargada. Una gran mesa de comedor aprisionaba bajo sus robustas patas una alfombra de dibujos florales, y una hermana gemela se hallaba al otro lado de la estancia soportando el peso de otra mesa más pequeña y de un tresillo igualmente floreado. Una vitrina de unos tres metros cubría parte de la pared derecha. Albergaba todo tipo de diminutas figuras, mezcladas con una cristalería exuberante en grabados. Los paños de ganchillo eran los amos y señores de los muebles. Estaban por todos los lados. Debajo de los portarretratos, que los había a cientos; bajo los floreros de las mesitas supletorias; y sobre los reposabrazos del sofá y sillones. Los lienzos que decoraban las paredes habitaban encajados en molduras barrocas doradas, negras y marrones. Sus protagonistas era personajes y paisajes arrancados del siglo XIX.

A pesar de la claridad que difundían las dieciocho bombillas de las dos lámparas de araña, daba la sensación de ser la oscuridad la dueña absoluta. Una melancolía confinada entre las cuatro paredes sobrecogía el corazón y hacía pensar en la tristeza que debía haber acompañado a Rosalía en sus horas de soledad. Quizá estuviese equivocada, pero fue la impresión que me inundaba.

Su alcoba, instalada frente al salón, era como un duplicado de éste. El mismo mobiliario, los mismos adornos, todo abarrotado. Solo una pequeña manta en un sillón y un chal doblado encima, hacía un poco más acogedora y cálida la sala. Me acerqué a la cómoda y revisé los cajones. Todo dispuesto con minuciosidad, menos un fino pañuelo de seda como guardado con prisa. Abrí el primer cajón de la mesita de noche y pude ver la insulina que nunca más podría utilizar.

–¿Qué haces aquí?

22 comentarios:

  1. joooooooo, no pares ahora¡¡¡¡
    que susto¡¡¡Respiro hondo y a esperar.
    Que emocionante esta¡¡¡¡
    Besos y abrazos.

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  2. Con las manos aún temblorosas te remito el comentario que, como puedes imaginar, es de una intranquilidad trepidante y, a veces, angustiosa. Inmejorable la narración. Como ya sabes...Estoy esperando el siguiente.
    Un abrazo, Teresa.

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  3. ¡Ya la ha pillado in fraganti, menudo susto!
    El viejo siempre vigilante, no tiene la conciencia tranquila.
    Y ya van tres...
    Besos, muy buena madrugada

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  4. Teresa...eso no se hace...!!!
    Todo muy lindo, pero yo ahora me quedo con la pica..
    Un beso Teresa y no te demores.

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  5. Gracias, Teresa, por sus generosos comentarios, y por el "suspense" que nos regala con este texto suyo. Muy bien.
    Un cordial saludo desde Madrid.

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  6. !!No cortes ahora, que me dejas con la miel en la boca!!Más emoción imposible, eres una maestra del suspense. Sigo esperando el desenlace.

    Besos

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  7. Teresa nos tienes como cuando eramos pequeños la víspera de Reyes. Con un ojo cerrado y otro abierto para ver que tal se portaban los de Oriente. Yo creo que el viejo nos sale rana. Esto está más interesante que aquella novela radiofónica de hace muchos años "Lucecita", que tenía encandelada a media España.

    Besos Teresa.

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  8. Amigos ya queda menos. Penúltimo capítulo esta noche. ¡Dios que intriga! jejeje

    Besos y abrazos.

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  9. Teresa, una cosa: en un capítulo pasado ella busca un artículo escrito por su padre y en este aclaras que el padre trabaja para un periódico digital. Me parece que tiene más lógica que lo menciones antes. Bueno, es sólo mi opinión, claro, lo veo más coherente.

    En cuanto a la entrega de hoy: por dios, Teresa, que nos va a dar un infarto!!!
    Enganchada me tienes :)

    Te felicito, es una historia muy bien narrada que hace que te quedes con ganas de más.

    Besos

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    1. ¡Hola Verónica!

      Aunque fue en un capítulo anterior, apenas transcurrieron unas horas entre ambas búsquedas de noticias. Tampoco dije "escrito por su padre", sino "donde trabajaba su padre", dejando entrever así su profesión. Luego puntualizo su tarea en concreto (editor) y entra más en escena porque ahora sí precisa de su ayuda "interrogándole" acerca de las dos muertes que acaba de averiguar.

      De todos los modos me alegra muchísimo que me comentes (comentéis) cualquier cosa que no veáis lógica y os choque. Es una novela que está sin editar, y cualquier corrección que pueda hacerla, será bienvenida.

      Gracias Verónica...y ojo avizor.
      Besos.

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  10. El viejo ya sabe lo que està pasando. Por eso vigila.

    Amerita la continuacion.

    Un abrazo.

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    1. ¿Vigila? o ¿es que no quiere que el vigilante descubra algo? jejeje

      Besos.

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  11. Teresa, chica malota, malota. Esto no se hace, nena. Nos has dejado con la boca abierta. Jóooooooooooo!!!!

    Ernesto no es el asesino en serie, Creo que no. Brrrrrrr!!!


    Un abrazo de Mos desde la orilla de las palabras.

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    1. ¿Tú crees Mos? No sé... bueno sí sé, pero no os voy a adelantar nada. jajajaj
      Ahora sí que soy mala.

      Besos.

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  12. sigo con entusiasmo la lectura despues de tu corte comercial, creo que se avecinan momentos decisivos...
    saludos amiga

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  13. Uf me he pasado un buen ratito leyéndote,
    siguiendo la historia
    que engancha,
    muy bien escrita,
    me ha encantado,
    sigueeeeee

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  14. Increiblemente relatado la decoracion, la vi, seguire esperando mas, con la intriga que haz logrado crear
    Un abrazo

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  15. nos tienes descalabrados pensando las posibilidades
    pero esta tensión ya aflojará y la resulta será un desenlace que de seguro nos sacudirá

    besitos y luz

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  16. Gracias por vuestro seguimiento. Ya colgué la penúltima parte. Aaaaaaaaaaaaaa Leer.

    Besazos.

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  17. Sí que tuvo valor de entrar a solas en la casa y ahora a ver quién la sorprendió.

    Besos

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  18. Sí, sí... a ver, a ver.

    Gracias por tu visita.

    Besos.

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