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9 de febrero de 2012

¿Y QUÉ PASÓ ABUELO? (cuento)

                                                                  Bodegón de Omar Ortíz


Su abuelo hacía un año que había fallecido. Jamás lo olvidaría. No solo por la imagen de su cuerpo yacente en la vieja cama de bronce, sino porque ya nunca podría escuchar las historias que le relataba de la guerra y post-guerra. Cuando contaba alguna de sus increíbles narraciones, Juan le atacaba con un sinfín de preguntas. A sus once años, no podía evitar comparar su modo de vida, con la infancia que había llevado su abuelo, llena de penurias y calamidades.

Aunque quedaba algo más de un mes para las vacaciones, hoy había viajado hasta el pueblo para asistir a la misa de aniversario “por el perpetuo descanso del alma del abuelo”, según le había contado su madre. Todos los veranos, desde que nació, los había pasado en esa aldea situada entre pinares, y suponía que seguiría así, pues su abuela aún vivía en la casona y no quería dejarla por nada del mundo; pese a estar sola.

Después del acto religioso, mientras su madre y su abuela preparaban la comida, Juan deambuló por la vieja casa. Se dirigió al sótano. Abrió con cuidado la trampilla de madera y bajó por las desgastadas escaleras de adobe. Un olor a humedad le inundó con rapidez los orificios nasales. Le olía a recuerdos. Los que perdurarían en su memoria porque no quería olvidar nunca. Miró alrededor y aspiró fuertemente cerrando los ojos.

De repente oyó una voz tras él.

Dinos de una vez ¿dónde la has escondido?

Juan, asustado por la sorpresiva pregunta, y luego por la imagen de los dos hombres con capa verde y tricornio que se encontraban situados al otro lado de la estancia, no acertó a mediar palabra.

No nos has oído. ¿Dónde está? –añadió el más alto.
... No sé de qué me hablan –acertó a decir Juan.
No te hagas el tonto niño, que nos han informado que te llevaste una, ¿o acaso ya te la has comido? –dijo el otro.

Juan seguía parado sin mover un músculo, como si al hacerlo fuese a materializarse lo que tanto interés despertaba en esos hombre. No entendía nada. ¿De dónde habían salido esos dos guardias civiles?, ¿y con esa ropa tan rara? “¿Qué se supone que he escondido?” –pensaba.

Pero bueno ¿vas a responder, o te tendremos que llevar al calabozo? –amenazó el bajito.
Si yo no he cogido nada –respondió Juan titubeando.
Todos los críos sois iguales, unos jodidos mentirosos... como el mio –comentó el alto, acercándose amenazante–. Me vas decir ahora mismo dónde has guardado la naranja que has robado a D. Aniceto.

Ahora si que no entendía nada. ¿Una naranja? ¿Robado? ¿Y quién era ese D. Aniceto? De pronto le vino a la memoria una historia que le contó su abuelo.

“–Era un día de verano, estábamos Mateo y yo jugando al aro cerca de la casa de D. Aniceto. Era el hombre más rico del pueblo. ¡Fíjate que hasta compraba fruta!, cosa que los demás no podíamos ni olerla; miento, eso sí, porque nos comíamos las mondaduras de alguna que otra naranja cuando las desechaba. Era muy mala persona, y solía tirárnoslas como si fuéramos perros... pero hijo ¡lo que hacía el hambre! Íbamos a cogerlas a pesar de tener que aguantar sus burlas y risotadas.

A lo que iba... esa mañana se me escapó el aro cuesta abajo y fue justo a parar al lado de la puerta del citado “personaje”. Con tan buena o mala suerte, que allí en medio, había una hermosa naranja. Mi intención fue entregársela, pues pensé que se habría caído del cesto, pero llegó Mateo y me convenció para que nos la lleváramos... que total el viejo no se iba a enterar. Así que nos fuimos corriendo a nuestro escondite, y nos la comimos, eso sí guardándonos cada uno su media parte de cáscara para más tarde.

¿Y se enteró D. Aniceto?

¡Pues claro que se enteró! El muy rácano las debía tener contadas; además como nos había visto rondar por allí, y para hacer más fuerza en su denuncia, dijo que nos había visto cogerla. Total que nos envió a dos guardias para interrogarnos.

¿Y qué pasó abuelo?

Pues que a mi me pillaron en el sótano y a punto estuvieron de darme una paliza, sino hubiese sido porque llegó mi madre en ese momento. Registraron toda la casa.

¿Por una naranja?

–… por una naranja, pero ten en cuenta que era un bien muy preciado, pues casi nadie en aquella época de tanta necesitad, se podía permitir el lujo de tenerlas.

¿Y encontraron algo? ¿Y tu amigo?, ¿qué pasó?

A Mateo no le ocurrió nada, porque el muy ladino se comió la monda de la fruta antes de llegar a casa. Y yo la escondí tan bien, que no la hallaron.”

Ya está bien chaval –dijo el guardia alto zarandeando a Juan por los hombros– o nos contestas ahora mismo, o …..
Juan despierta, ¿me oyes?, que te has quedado dormido. ¡Con el frío que hace aquí!, para coger un resfriado.
¡Mamá! ¿eres tú?
Pues claro hijo. Sabes que no me gusta que bajes aquí solo.
Ya... perdona –dijo desconcertado.
Bueno ya que estás aquí, ayúdame a llenar el cesto de patatas.

Mientras echaba los tubérculos al canasto, su mente giraba alrededor del extraño sueño. Era tan real que todavía sentía el aliento con olor a tabaco del guardia que le zarandeó. ¡Pobre abuelo!, el miedo que debió de pasar.

Retiró una hermosa patata y sus ojos descubrieron una corteza de naranja de un color tan intenso que parecía recién cortada. ¿Era su imaginación? No, porque su madre la cogió extrañada y la retiró a un lado.



25 comentarios:

  1. Genial Teresa, atrapante historia, leia tal cual el pequeño escuchaba las historias de su abuelo, vaya forma de escribir.
    Te felicíto.
    Un beso

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  2. Las historias de los abuelos, a todos nos fascinaron de niños; está tan maravillosamente escrita que me parece parte de la realidad que viví de niño. Gracias por compartir estos trozitos de nuestros recuerdos.

    Besos

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  3. Cuantos recuerdos me trae esta historia Teresa...bellísimos recuerdos de mi infancia, en la que todos los atardeceres , junto a mi abuelo, me sentaba en el jardín de mi casa y esparábamos el anochecer, entre largas charlas y anécdotas, ansiosos por quién de los dos veía la primera estrella iluminar el cielo...momentos que marcan a fuego la vida de un ser eternamente...

    Una delicia este relato amiga!


    Te dejo un beso grande y todo mi cariño!

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  4. Un historia tierna y nostálgica.
    Nos llevas a la infancia y a períodos históricos difíciles de obviar.
    Enhorabuena por tus letras, Teresa.
    Un abrazo.

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  5. que bonita historia... pensar que en esos tiempos difíciles había gentes así de egoístas, es una mágica historia familiar, saludos querida amiga

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  6. Muy bonito Teresa, y efectivamente nos hace recordar con nostalgia aquellos viejos cuentos que nos contaban los abuelos.

    Besos.

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  7. Yo no conocí a los abuelos...
    pero hago las historias mías, y si se que en los años del hambre, por "robar"...una naranja,un melón, o una gallina...
    a muchos se les caía el pelo....
    Un beso grande amiga.

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  8. Bueno, acostumbrado como estoy a leerte (aunque sea en otros lares), no me sorprende la historia...Pues en cierta manera ya lo conseguiste con anterioridad.

    te confesaré que me ronda desde hace tiempo la idea de construir una novela con las vivencias y recuerdos de mi abuela (85 años gasta, y la única que me queda); su madre, mi bisabuela, fue presa política en la guerra civil. y de aquella época y miserias me suele hablar. sirvió en casas tanto en Barcelona como en Madrid; y llegó a conocer a Carmen Polo. Bueno, y un etc. así que, argumentos, tengo. Pero tiempo al tiempo

    1 saludo Teresa

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  9. Misteriosa historia.
    Por qué no??? siempre nos rodea el misterio :)
    Los lugares quedan impregnados, dicen, y yo lo creo.

    Teresa, me gustan mucho tus relatos, los disfruto enormemente.

    Besos

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  10. Hummmm
    un relato impresionante,
    una historia mágica,
    felicidades
    tiene una bella redacción

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  11. Un relato excelente. Surrealista, casi.

    Bien escrito.

    Un abrazo.

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  12. Que decir que no sepas, de como escribes.

    Tienes el don de saber transmitir tal cuál lo sientes y hacerlo llegar a los demás.

    ¡Gracias teresa por compartir!.

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  13. Gracias por vuestra lectura amigos.
    Las narraciones de los abuelos (y de los padres) siempre quedarán grabadas en nuestra memoria, y las pasaremos a nuestros hijos, porque son historias que no pueden quedar en el olvido.

    Besos y abrazos.

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  14. Se recuerdan, con cariño, las batallitas de los abuelos, ellos no tuvieron que cambira pañales a sus nietos ni pasear cochecitos, como los de ahora, pero dejaron en la memoria de sus hijos y nietos las enseñanzas que da la escuela de la vida, las que se aprenden sin estudiar y las que nunca olvidamos.
    Costumbres perdidas que nos alejan del núcleo de la sociedad; en parte por nuestro egoismo y la competitividad de la vida moderna: ahora a los abuelos, si no los explotamos como mas de cria y niñeras sin sueldo, los encerramos en asilos donde pierden el contacto familiar, pues nos olvidamos de ellos y nos los visitamos.

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  15. Excelente historia, me has tenido todo el tiempo, con el corazón encogido.
    Muy triste aquellos tiempos, tan lleno de penurias para muchos, también mi abuela me contaba.
    Un beso, muy buena noche

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  16. Excelente y entretenida Historia. Entrelazadas historias en el Tiempo protagonizadas por un niño y su recordado abuelo. Maravilloso relato. Magnífica asociación de tiempos, de sueños, de realidades...de protagonistas tan especiales...El niño y su abuelo.
    Un abrazo, Teresa.

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  17. Excelente historia. Me ha pasado de soñar algunas historias contadas, sobre todo por mi padre, pero nunca habia signos como en este caso.
    Mis felicitaciones
    Un abrazo

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  18. Fascinado con el cuento. Gracias.

    Pd: Muchas gracias por tus palabras en el blog.

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  19. Gracias al resto de amigos. Un placer vuestro cariño.

    Besos y abrazos.

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  20. Teresa,nos has relatado un cuento mágico,donde se funden la realidad y el sueño a partes iguales...¡¡Qué maravilla...!
    El nieto entró en el sueño al alma del abuelo y sintió lo mismo que él...Mi felicitación por tu maestría y buen hacer,amiga.
    ,Mi abrazo grande y mi ánimo siempre.
    M.JESÚS

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  21. Excelente, Teresa. Esta historia es magia pura. Magia con encanto e historia viva.
    Me ha encantado de veras.

    Cuántas historias hay tras aquellos años de la posguerra.

    Un abrazo de Mos desde la orilla de las palabras.

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  22. Gracias María Jesús. Gracias Mos. Las historias de los abuelos siempre tenían un halo de intriga o misterio. ¿o quizá eran ellos, que sabían cómo contarlas?.

    Besos y abrazos.

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  23. Me ha encantado tu cuento, me ha recordado a las historia que me contaba mi abuelo...Hoy gracias a ti le he rcordado.Me encanta como escribes, nos metes completamente dentro del relato. Me encanta. Un bessito

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  24. Gracias por tu paso Men. Me alegro que haya tenido un bonito recuerdo.

    Besitos.

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