Búscame en el aire, o en la voz desnuda;
en alfombras de azahares, o en guijarros de colores;
pero no rasgues estrellas mientras lo haces,
pues siempre seré lengua que seque tus ojos.
Hace tiempo encontré un rastrillo y una pala. Viajé por el mundo. Rastrillé sentimientos y emociones. Recogí exaltación e insensibilidad. ¿Por qué no encontraría una goma de borrar?
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24 de julio de 2012
5 de julio de 2012
EN ESTA PORCIÓN DE LLUVIA
Pintura de Gregory Thielker
Lluvia
que devora mi agua,
que
prende en mi boca
el
asfalto mojado;
confieso
que fui juguete,
en
un silencio acostumbrado.
Desde
aquel primer beso,
que
raspando la luz fue robado;
me
hice convicta devota,
de
tus manos y tus brazos.
Yo
tuve quejidos de fuego,
y
juramentos en mi regazo,
horas
que nadie intuía,
días
y noches de orgasmos.
Me
he dejado matar a silencios,
por
ausencias custodiados,
por
espinas que clavaste,
en
abandonos pagados.
Y
aunque el tiempo perdió la llave,
encerrándome
en tu rechazo,
aún
espero al borde de la rama muerta,
tu
regreso, o mi fracaso.
4 de julio de 2012
TODAS LAS PALABRAS (Idan Raichel)
Este
tema me lo recomendó hace tiempo un amigo. Tengo que reconocer que
me tocó el alma por su dulzura y sus bellas palabras. La voz (la letra creo que también), es de Marta Gomez. Ha sonado
tantas veces en mi ordenador, que creo que ya salta solo en cuanto
abro la tapa :) Me inspiró una poesía que tengo colgada dos veces
en mi blog; la segunda como video-poema.
Espero
que la disfrutéis tanto como yo.
3 de julio de 2012
UN ENTRADA PARA DEFENDER LA INTEGRIDAD DE UNA MUY BUENA PERSONA.
Mi
amiga (y también de muchos de vosotros), la brujita Morimó
contribuyó con un bello texto a un concurso de cuentos. Resultó
ganadora, gracias a los votos de todas aquellas personas a quienes
les encanta su manera tan original de escribir. Pero resulta que el
administrador del blog, le retira el premio acusándola de fraude
(muy fuerte), porque tres familiares le dieron su voto desde su
ordenador, durante una reunión familiar (valga la redundancia).
Aclaro que según me informa mi amiga, en las bases no decía nada de
votar desde una misma IP, además lo lógico es que fuera el
organizador del concurso, o sea él, quien estableciera un buen
sistema de votación.
Ante
mi indignación por tal atropello, dejé el comentario que más
abajo expongo; pero ¡claro!, ¡ilusa de mí!, ¡ahí se iba a quedar!
Lo borró inmediatamente, al igual que todos los que defendíamos a
Morimó. Lo vuelvo a colgar; y más de lo mismo. Directamente elimina
cualquier texto que defienda la integridad de nuestra amiga.
Así
que he decido hacer una entrada para notificar públicamente esta injusticia. No
pongo el nombre del blog del citado individuo, porque tampoco quiero
hacerle propaganda, que tal vez sea eso lo que pretenda. Lo
importante es dejar bien alto el nombre de la brujita Morimó; una
gran persona a la que conozco desde hace dos años. Empezamos
compartiendo letras en Casa Eolo y desde un principio se hizo
querer por su simpatía y animosidad. Ninguno de sus amigos hemos
dudado de su integridad, y no vamos a permitir que unas acusaciones tan
falsas, circulen por internet sin que nadie denuncie esta calumnia.
Comentario:
“Acabo
de enterarme de este desastroso asunto, y todavía estoy alucinando.
¿Cómo es posible atacar a una persona de esa manera, sin conocerla,
ni escuchar sus argumentos? ¿Usted sabe el daño que está haciendo
manifestando esas declaraciones fundadas simplemente en su opinión?
Si se hubiese molestado en escuchar con el corazón abierto, y no con
la mente cerrada, las explicaciones que le ha dado Morimó (y sus
familiares), se daría cuenta que es una buena persona, sencilla y
sincera, amante de los niños, a lo que quizá haya contribuido el
tener un hijo con minusvalía (perdona Morimó por decirlo), y que ni
por ensoñación conoce malas palabras, porque es una persona íntegra
y generosa que lo da todo por los demás... y ahora resulta, que se
va a “pringar” ¡¿con cuatro míseros votos?! Digo yo que si ésa
hubiese sido su intención se hubiese “auto votado” con más de
20 o 30 votos; y además lo hubiera hecho premeditadamente desde
otros ordenadores.
Ya
sabemos que a través de este mundo se conoce mucho engaño, pero
pienso que también hay que tener un poco de psicología para saber
diferenciar los auténticos, de los mentirosos; pues a éstos por
actitudes se les conoce rápido. Y si se hubiera usted molestado (que
tampoco lo sé, pero me lo está demostrando), en visitar su página
y otras en las que participa, se daría cuenta rápidamente de la
clase de persona que es Morimó... resumo: honesta y de muy buen
corazón.
Estoy
convencida que usted no va a recapacitar, porque eso supondría
legalmente darle el primer puesto; pero estoy segura que a ella ya no
le importa ningún premio, simplemente que restituya públicamente su
buen nombre; por otro lado tan conocido y apreciado en otras webs.
Le
recomiendo que para el próximo concurso, si lo hay, clarifique bien
las bases, así como el sistema de votación, admitiendo solo un voto
por IP; aunque también es un poco absurdo, porque si una familia de
tres miembros, por ejemplo, quieren votar a un mismo cuento ¿qué
tendrían que hacer? ¿pedir prestado el ordenador del vecino? En fin
que éste no mi problema; el que sí lo es, es precisamente la
indignación que siento por una decisión y actitud tan injusta hacia
una persona, que ya quisiéramos más de uno, ser la mitad de
bondadosos y sinceros que ella.
Un
beso desde aquí mi querida Morimó. Tienes el apoyo de todos tus
amigos.Te queremos.
1 de julio de 2012
TRAGEDIA DE UNA VIDA
La
mirada empapada de angustia, se desplazaba con nerviosismo por las
palabras. “No puede ser”, dijo. El dedo corazón pasó con
rapidez varias hojas al azar. Sus ojos leyeron atropelladamente el
contenido de cualquier párrafo. Abrió más los ojos. Aireó varias páginas, hasta parar en la 153; hacia el final de la novela.
“Estoy alucinando; esto tiene que ser una pesadilla”. Dejó el
ejemplar sobre la mesita de noche, y abrió el segundo cajón. Con cara
desencajada por el desconcierto, tomó el manuscrito. Rápidamente
sus manos buscaron partes de un texto que sabía casi de memoria.
Releyó el desenlace. Temeroso abrió nuevamente el libro por la
última página... ahí estaba el trágico final; exactamente igual
que la obra que acabara de escribir hace dos días. Pero es que
además el título era el mismo: “Tragedia de una vida”.
Notó
que estaba sudando, y que las palpitaciones no eran normales. Pero
cómo podía ser que ese tal Amado Gopar, hubiera escrito un libro
con las mismas palabras que él. Empezó a faltarle el aire; aún así
no pulsó el botón. Miró la fecha de edición... “¡Hace tres
años!”. Pensó que de alguna manera, se habían comunicado
mentalmente y le había traspasado sus pensamientos. No encontraba
otra explicación. Se ahogaba. Sin soltar el manuscrito, intentó
llegar al pulsador. Era demasiado tarde.
Cuando
los enfermeros del Hospital Psiquiátrico entraron, no pudieron hacer
nada. Llamaron al médico de guardia para certificar la muerte. Hora
de fallecimiento: 1:32 de la madrugada. Nombre: Amado Gopar.
27 de junio de 2012
FUE UN PLACER COMPARTIR
Textos
ganadores del reto de nuestro querido amigo Mos http://mosenlaorilla.blogspot.com.es/
y
recitados con la espléndida voz de otro grande: Jorge del Nozal
Muchísimas gracias a los dos.
En
el altar de las sombras,
tus
últimas hebras
sin
púrpuras se desangran.
Desde
aquél útero primario
te
sucedes
-largo
o corto el trayecto-
hasta
llegar a ese hueco voraz
que
inmola tu esqueleto
y
te convierte,
en
huésped de la ceniza,
cobrándose
el tributo
que
la vida exige
a
los que llevaron la cruz
de
sus hados
o
bebieron del gozo
que
les diera.
En
el altar de las sombras,
tus
últimas hebras
sin
púrpuras se…
A
dolor desnudo entregas el aliento
y
cesa la canción de tus arterias.
©
Trini Reina.
2º.-"SIN TU OXÍGENO" (María)
Grito
que tiembla en la noche,
silencio
en mi garganta,
sombra
que me aplasta
agonía
sonámbula sin rumbo.
Atrapada
en la oscuridad,
envuelta
en lágrimas opacas
mi
corazón sin latidos
ya
no siente, está ausente.
Sentimientos
caducados,
robaron
mi alma,
asfixiándome
las entrañas
llevándoselas
el viento.
Duele
respirar sin tu oxígeno,
mirar
la luz cuando es tiniebla,
tu
ausencia me aplasta,
me
enmudece y me amarga.
Mis
labios están sedientos sin tus besos
mi
cuerpo está dormido sin tus caricias,
ya
no sueño, ya no siento, ya no vivo,
tan
sólo me quedan tus recuerdos.
©
María. (Blog "Algo más que palabras")
1º.-
"UNA CERILLA POR TURNO" (Humberto Dib)
Escogeríamos
una cerilla por turno, el que sacara la más pequeña de las cinco,
debería hacerlo. A pesar de nuestra corta edad, ya teníamos una
cabal idea acerca del peligro y del valor. Ninguno quería jugarse:
era demasiado alto, habría demasiadas piedras. Ninguno quería
retirarse: era demasiado vergonzoso, habría demasiadas burlas.
Marcos
subió al acantilado, giró su cabeza hacia nosotros (sonreía),
afectó una pose de clavadista y se arrojó. Entró al mar como una
flecha, con sobrado estilo, pero nunca volvió a la superficie.
Pasaron casi treinta años de aquella tarde y aún no nos atrevemos a
decirles a esos ancianos padres que sólo fue una mala broma, que
todos sabíamos cuál era la cerilla más corta y que hicimos que su
hijo eligiera en último lugar.
©
Humberto Dib.
2º.-
"EL FAN" (Teresa Frías)
Desde
su debut en una plaza al aire libre, hace cinco veranos, no ha habido
actuación que me haya perdido. Tengo que reconocer que siento por
Claudio una devoción especial. Se desliza sobre ese estrecho camino
de alambre como si fuera un amplio escenario. Anda, corre, gira,
salta... como nunca he visto a nadie... ¡y sin red!
Hoy
actúa en el Teatro “La damisela roja”... y ahí estoy yo, entre
bambalinas. Impresiona ver su porte elegante, su altivez sintiéndose
uno de los mejores. Creo que hoy es el día que más voy a disfrutar.
Después
de diez minutos de puro espectáculo, realiza un doble salto.
¡Asombroso!, sus pies vuelven perfectamente a su lugar inicial. Doy
un paso al frente, e inmediatamente sus ojos se posan en mí. Tras el
desconcierto, pierde el equilibrio y cae.
Me
pregunto qué le habrá impactado más, ¿mi manto negro, o mi
guadaña?
©
Teresa Frías (Blog "Tras las amapolas")
25 de junio de 2012
EN ESE RINCÓN
Acuarela de Inmaculada Urbano
El
cielo corre lento, en ese rincón del jardín.
Sobre
silla de anea mustia
y
reumático respaldo,
camina
la memoria cada tarde.
Madeja de fina plata en la nuca,
y
nostalgia abierta en las venas.
Dedos
ágiles trenzando ganchillo,
de
níveo algodón y áureos rayos,
de
rosa ternura y verde esperanza.
Solitario
pende el hilo,
y
herido de invierno el sol...
la
sonrisa sabia espera,
el Sueño que la amará.
Hay
un silencio que rompe el alma,
en
ese rincón que su paz vacía.
En
el regazo yace el ovillo,
que
nunca verá el final;
mientras
el viento arrebata
el
último soplo,
que
se escapa como agua al mar.
Duerme
la silla su vigilia,
en
aras de la eternidad.
El
cielo dejó de correr, en ese rincón del jardín.
22 de junio de 2012
ILUSIÓN DESTROZADA
Un año
separada y la amargura era su compañera. Con sus recién cumplidos
cuarenta y dos años, Elena intentaba seguir adelante cada día, no
solo por ella; sino por sus dos hijas, que eran su auténtico apoyo.
El
divorcio fue la meta de un camino lleno de engaños y mentiras.
Conoció a su marido con apenas veinte años, y tras dos de noviazgo,
la relación culminó en casamiento. Como en un cuento de hadas,
vivió cada instante de amor, de amistad y de lealtad; hasta que la
realidad la despertó de su quimera, mirando cara a cara, el desamor,
la hostilidad y la traición.
El
despertar fue cruel, pues su ingenua ilusión la había convertido en
adicta de esos besos y abrazos que él prodigaba, manipulaba y
compartía desde el primer día con otras mujeres. Quizá ella le
hubiera perdonado una infidelidad, pero cuando descubrió, y él le
confirmó, tantas y tantas consumidas en su deambular promiscuo, el
perdón huyó de su corazón dejando hueco al odio y al rencor.
Cuando
le presentaron a Roberto, notó que algo se encendía en su interior.
Su sonrisa entrañable y esos ojos negros, profundos, clavados en los
suyos hicieron que se sintiera ruborizada. Tenía veintidós años y
bien podía ser hermano de su hija Laura, por eso no quería dar
esperanzas a esa pequeña llama apenas incipiente y expectante.
Se
levantaba todos los días con un estímulo que hacía mucho tiempo
tenía olvidado. En el grupo de desayuno ya no eran dos, sino tres.
Roberto se había incorporado desde que un día se lo propusiera Ana,
pues por su culpa se le había pasado el tiempo de descanso. No
faltaban las confidencias, ni los cotilleos, ni las risas.
–¡Hola!
–dijo Roberto, sentándose en una banqueta de la barra–. ¿Y Ana?
–No
ha venido. Este fin de semana le toca visita y se ha cogido el día.
–¡Vaya
faena tener a la madre tan lejos! –añadió un poco mustio.
–¿Qué
te pasa?... No te veo hoy muy animado.
–...
Es que ayer discutí con mi tío y le dije que me iba de casa.
Roberto
se había quedado huérfano hacía diez años y el hermano mayor de
su padre, que no tenía hijos, se hizo cargo de él.
–¿Y
qué vas a hacer? –preguntó Elena inquieta.
–No
sé... mi tía siempre media por mí, pero ya estoy harto. No tengo
independencia, siempre machacando... pensé que al trabajar
cambiaría, pues ya no estaría comiéndome “la sopa boba”, como
no hacía más que repetir; pero ahora ha cogido otro soniquete,
“todo el día de cachondeo”. Pero, ¿qué más quiere?... Apenas
nos vemos, y si cruzamos dos palabras, es para discutir. Lo malo, es
que no gano lo suficiente como para alquilar un piso.
A
Elena se le encogió el alma viéndole tan triste, y sin sospechar
las consecuencias que ocasionaría su frase y la desdicha que
marcaría su vida, soltó de improviso:
–¿Por
qué no vienes a vivir con mis hijas y conmigo?
–¡Qué
dices! No puedo.
–Que
sí, de verdad. Mira... para que no te sientas mal, si quieres puedes
pagarme una especie de “alquiler”. Nada, una tontería, lo que a
ti te venga bien.
Roberto
aceptó, y ese fin de semana trasladó sus pertenencias, haciendo que
Elena disfrutara como una colegiala corriendo y disponiendo todo.
Llevaban
conviviendo cinco meses y todo era perfecto. No entendía como podía
haber alguien que discrepase de él. Era amable, educado, ameno,
conciliador en las disputas de las niñas, solícito y trabajador.
Estas cualidades solo podían corresponder al hombre de sus sueños.
Se había enamorado desde el primer día, pero ella, no podía, ni
debía demostrar ese sentimiento, pues corría el riesgo de estropear
la única relación que tenían. Sin embargo todos los días
soñaba con sobrepasar ese límite.
Cada
noche, en la intimidad de su dormitorio dejaba volar su imaginación,
y recreaba paso a paso la posible escena de seducción. Unas veces
ocurría sentados en el sofá del salón, al final de una película
romántica; otras en la cocina, besándola con lujuria mientras
interrumpía el lavado de ese vaso humedecido por sus labios; y la
que más, en la oscuridad de su habitación, entrando a hurtadillas y
deslizándose junto a ella en la cama. No importaba con qué
situación fantasease; en todas terminaban manifestando su pasión
encadenada durante tanto tiempo.
Acababa
de dejar a Emma en clase de ballet, y aunque cansada, se pasó por el
“super” para comprar un poco de cena. Llegó a casa y dejó las
bolsas en la cocina. Se fue derecha al salón a descansar cinco
minutos. Apenas unos segundos después, escuchó un ruido que
provenía del pasillo. “¿Qué raro? –pensó–. Si Sonia está
en la academia y Roberto dijo que había quedado con su tía”.
Permaneció expectante... y volvió a ocurrir. Era como un gemido
ahogado. En silencio se dirigió hacia el origen del sonido.
Dolor,
rabia, rencor y odio, sentimientos casi olvidados, afloraron
nuevamente desde su interior al ver a su hija y a su amado, desnudos
y exhaustos sobre el lecho. Se sintió desolada, traicionada y
manipulada; le había dado su amistad, su atención, su admiración,
y él respondía quebrantando su confianza. No pudo expresar con
palabras todos los sentimientos que emergieron desde sus entrañas.
Se quedó parada, muda e incrédula. Él tampoco dijo nada.
Desapareció de su casa, del trabajo y de su vida.
El
destino nunca jugó limpio con ella. Desde entonces, el tiempo
correría más lento y pesaroso. Nunca pudo olvidarle; no solo por el
daño que le había hecho, sino porque siempre vería esos ojos
negros, cada vez que mirase a ese niño, fruto de una unión
simplemente sexual.
17 de junio de 2012
LUTO POR UNAS BOTAS
Óleo de Manuel Caballero
Genaro
era uno de esos hombres que nacieron para pasar por la vida sin pena
ni gloria –como tantos de nosotros–; pero él lo supo siempre,
desde que viera a sus compañeros, cómo piropeaban a las chicas y
cómo en clase no se paraban ante ningún reto.
Eternamente
tímido, porque sabía que su físico no acompañaba y su elocuencia
no existía. Alto, desgarbado, con gruesas gafas, de lengua torpe, y
un halo permanente de desconcierto; como si la vida le sorprendiera a
cada instante y él no supiese captar lo que ésta le gritaba.
Vivió
con su madre hasta el año 1971, fecha en que falleció la pobre
mujer de un “cólico miserere” (ataque de apendicitis). Genaro
quedó solo, con 40 mustios otoños, y un tiempo que convirtió en un
monótono ir y venir al trabajo –igual que antes, pero sin el
consuelo de su madre–.
Hoy
10 años después, era la primera vez que iba de copas con sus
compañeros de trabajo. Se atavió con sus mejores galas. Pantalón
ancho de pana verde, camisa de algodón marrón, chaqueta de cuadros,
y las inseparables botas negras que heredara de su padre. Acicaló el
poco pelo que adornaba su blanquecina calva, y depósito sobre la
ropa una buena cantidad de colonia.
Tomó
el autobús. Iba contento. Juan, el más bromista, le caía muy bien.
Siempre decía: “Genaro, un día de éstos saldremos, nos
empaparemos de alcohol, y te harás un hombre”. Nunca entendía
exactamente lo que quería decir con el final de esa frase, pues no
era la primera vez que se emborrachaba; eso sí, a solas y con vino
de mesa.
Llegó
al punto de encuentro cinco minutos antes de lo acordado. No le hacía
gracia que el local estuviera situado en un polígono industrial,
pero tampoco se atrevió a protestar cuando se lo indicaron. Pasados
tres minutos, Pedro apareció tras la puerta.
–¡Venga
Genaro! ¡Entra!, que ya estamos todos.
–Vale...
pero yo he sido puntual.
–Sí,
hombre sí. No te preocupes.
Su
llegada fue recibida alegremente por sus colegas, que riendo le
palmeaban la espalda. “Se nota que ya van cargados”, pensó. Miró
a su alrededor mientras le servían un “whisky”. La luz roja que
decoraba la penumbra de las paredes y las chicas semidesnudas que
pululaban cerca de la barra, le hicieron recelar.
–Juan
¿Esto no será un bar de putas? –dijo bajando la voz.
–¡Pues
claro! No ves las chicas tan guapas que hay –contestó divertido.
–¡Ya!...
pero tú no me dijiste nada de esto.
–Pero,
vamos a ver Genaro. ¿Cuántos años tienes?
–Ya
sabes que casi 50.
–Y...
¿a que nunca has estado con una mujer?
–...
No –respondió tímidamente.
–Pues
hoy te vas a estrenar, como se decía antes. Este día lo festejarás
en el calendario.
–Pero...
es que... yo no sé...
–¡Venga,
campeón!... ¡Adelante!
–¡Sonia!
–dijo Juan llamando a una chica “entradita” en carnes, y en
años.
Después
de hablar con ella en voz baja, ésta agarró la mano de Genaro y lo
condujo por un pasillo situado al final de la pulida barra negra.
Una
vez en el habitáculo, la prostituta dejó desnudo su torso. Los
enormes pechos era el único punto visible para los ojos de Genaro.
Sonia siempre había sentido una especial debilidad por los
“primerizos”, y le gustaba observar sus reacciones. Podría
escribir un libro con todas las anécdotas que le habían acaecido.
Le
indicó que se desnudara, mientras ella sentada de espaldas en el
borde de la cama desprendía las medias del liguero rojo. Apenas
tardó veinte segundos en realizar la operación. Se levanto, se giró
y sus ojos vieron un cuerpo blanquecino y esquelético vestido
únicamente con un horrible calzado negro. Por primera vez en su
larga carrera, quedó atónita ante la escena que contemplaba y la
frase que soltó a bocajarro el tierno novato.
–Señora
puta, ¿me tengo que quitar las botas?
Genaro
falleció a causa de un infarto, ocho meses después. Murió con las
botas puestas–como no podía ser de otra forma–, y con ellas fue
enterrado. Los cordones obran en poder de Sonia atando el manojo de
cartas que Genaro le escribió. Una por cada día de amor.
15 de junio de 2012
VIDEO-POEMA (Quizá...)
Quizá
un día ocurra, sin que nos demos cuenta.
Quizá
tu mano roce el viento cerca de la mía.
Quizá
tu mirada se detenga en mis ojos,
y
me susurre caricias.
Quizá
la mía duerma en los sueños de tu boca,
o
naufrague en el mar de tu sonrisa.
Ese
instante... quizá... detenga el tiempo,
y
se deslice en nuestros sentidos,
para
que mañana no olviden,
un
amor... que quizá... pudo haber sido.
Quizá
llore bajo el sauce,
junto
al papel que debería haber contenido,
ese
poema compuesto por ti
bajo
un cielo anochecido.
Quizá
me pierda hasta enterrarme de soledad,
o
ahogarme en las arenas de mis dudas.
Quizá
no debería soñar con encuentros cálidos,
llenos
de aroma y amargura.
Quizás
esta historia ya ocurrió,
en
el lado oscuro de la luna.
14 de junio de 2012
CLEMENCIA (poema) - EL FAN (relato)
Como
ya sabéis algunos compañeros, nuestros amigo Mos, nos ha retado de
nuevo. Tenemos que escribir un poema y/o relato hablando de la
muerte, pero sin nombrarla directamente, ni tampoco usar sus
derivados, y tan solo con un máximo de 150 palabras. Os animo a
participar en esta estupenda propuesta.
Más información y algunos textos ya publicados en http://mosenlaorilla.blogspot.com.es/
Dejo aquí mis dos propuestas.
CLEMENCIA
En
tu eterno reino sin fronteras;
caminas
lúgubre, sin pausa,
con
tu alma negra,
con
tu negro corazón;
extendiendo
tu manto
sobre
la nada...
porque
el vacío,
lo
cubre todo.
Recorriste
el mío
sin
tan siquiera mirarme;
tu
aliento pasó de mí,
para
condenar a mi amado...
y
ahora en mí, anida tu alma...
y
esto ya no es vida.
Arrástrame
a tu mundo,
hazme
un hueco en tu osario,
llénalo
de ceniza,
extermina
mi dolor...
húndeme
en el abismo...
pues
mis labios no quieren ya maldecir,
y
mi mente solo respira vértigo,
a
la sombra de tu dalle.
EL FAN
Desde su
debut en una plaza al aire libre, hace cinco veranos; no ha habido
actuación que me haya perdido. Tengo que reconocer que siento por
Claudio una devoción especial. Se desliza sobre ese estrecho camino
de alambre como si fuera un amplio escenario. Anda, corre, gira,
salta... como nunca he visto a nadie... ¡y sin red!
Hoy actúa
en el Teatro “La damisela roja”... y ahí estoy yo, entre
bambalinas. Impresiona ver su porte elegante, su altivez sintiéndose
uno de los mejores. Creo que hoy es el día que más voy a disfrutar.
Después de
diez minutos de puro espectáculo, realiza un doble salto.
¡Asombroso!, sus pies vuelven perfectamente a su lugar inicial. Doy
un paso al frente, e inmediatamente sus ojos se posan en mí. Tras el
desconcierto, pierde el equilibrio y cae.
Me pregunto
qué le habrá impactado más, ¿mi manto negro, o mi guadaña?
13 de junio de 2012
PUBLICACIÓN
Mi cuento "El burrito Tesón" ha sido seleccionado para formar parte de esta colección de cuentos infantiles. Se han editado un total de 25 textos, de 417 presentados a concurso.
EL
BURRITO “TESÓN”
Caminaba
un pobre burro por una vereda estrecha y perdida entre la espesura
del bosque. Hacía ya tres días que se había escapado de la granja,
pues sus nuevos amos no le trataban bien. Nunca había entendido
porqué algunos hombres eran así de malvados. Nada había hecho para
molestarles, y sin embargo todo eran malas palabras y golpes.
Sabía,
según le contó su padre, que había nacido para cargar y acarrear;
éste era su cometido en la vida. A él no le importaba, pues se
consideraba muy trabajador, pero que no le trataran, ¡ya no con
cariño!, sino con respeto; era una cosa que no soportaba. Por eso
decidió marcharse en busca del “paraíso” que le había contado
su amigo “Bronco”. Era un perro muy listo, y un día comentó que
existía un paraje donde acogían a todo aquél que se acercase hasta
allí y quisiera quedarse. No había muros, ni jaulas, solo debían
colaborar con lo que pudiesen para mantenerlo bonito y habitable.
“Yo
aportaré mi simpatía y mi trabajo”, pensaba mientras caminaba
alegre. De repente se encontró con un hombre sentado al borde del
camino. Se acercó con mucha cautela y comentó muy bajito:
–Este
humano tiene peor aspecto que yo.
–¿Por
qué lo dices? –preguntó el vagabundo.
–¡Ahí
va! ¿Cómo es que entiendes lo que digo? –añadió sorprendido el
burrito “Tesón”.
–Porque,
me parece que a los dos nos han dado muchos palos.
–¿A
ti también te han pegado con una vara?
–Sí,
y aunque la mía no fuese de madera, la intención con la que se
empuñó fue la misma: el desprecio.
–Pues
yo voy en busca de un lugar donde todo el mundo es feliz. ¿Quieres
acompañarme? –preguntó “Tesón”.
–No
creo que nadie nos dé una oportunidad. En cuanto nos pongan el ojo
encima, nos echarán –contestó el hombre, un poco desanimado.
–¿Tienes
algo que perder?, o ¿acaso sabes de algún otro sitio? –interpeló
el burro.
–No
conozco ninguno, ni tengo otra cosa mejor que hacer –agregó el
hombre sonriendo.
Caminaron
durante dos días, y a la entrada de un hermoso valle, encontraron un
cartel donde rezaba:
“Bienvenido
todo aquel que no tiene hogar.
Tan
solo exigimos un poquito de humanidad.
Tan
solo exigimos gozar de la felicidad”.
“Humanidad,
curiosa palabra” –pensó el burrito mientras miraba a lo lejos la
hermosa granja.
-----====------
Al
día siguiente, caminaba “Tesón” por los alrededores de su
recién estrenada granja. Estaba ilusionado y contento porque había
hallado el hogar en el que seguro viviría feliz. De pronto, a la
vuelta de un recodo, oyó unos gemidos. Preocupado, se acercó para
averiguar el origen de los mismos. Se encontró con un joven cordero
que había caído en un hoyo.
–¡Oh!
–dijo sorprendido–. ¿Te has hecho daño?
–Un
poco. Creo que me he torcido una pata.
–No
te preocupes, que ahora te saco.
Tumbado
en el suelo, “Tesón” extendió su pata y el cordero la enganchó
sin dificultad. Una vez fuera lo colocó con mucho cuidado sobre su
lomo.
Cuando
apenas quedaban unos metros para entrar en el recinto de la finca,
pasó una cebra.
–¡Hola
amigo! Veo que vienes bastante cargado. ¿Quieres que te eche una
mano?
–Muchas
gracias, por mi no hay inconveniente. Así los últimos metros los
haré más descansado. ¿Qué te parece a ti? –preguntó “Tesón”
al lastimado cordero.
–Por
mi no hay problema –dijo éste desde lo alto.
–Pues
entonces adelante –añadió–, que toda ayuda es siempre bien
recibida.
La
maniobra de traspaso fue vista por una zorra, quien acercándose a
“Tesón” le dijo:
–¿Por
qué has dejado que lo hiciera?
–¿El
qué? –dijo el burro.
–Pues
que sea ella quien lleve ahora al cordero. ¿No te das cuenta que
todas las alabanzas van a ser para la cebra?
–¿Y...?
–Pues
que no es lógico, has sido tú quien más lo ha ayudado, y el mérito
es tuyo.
–Te
voy a decir una cosa... –dijo “Tesón” sin enfadarse– esto no
es una competición para ver quién socorre más, sino una
coordinación con el fin de evitar el sufrimiento de un ser vivo, y
si cada uno colaboramos en la medida de nuestras posibilidades,
seguro que el dolor será un poquito menor.
Dicho
esto, la zorra corrió para ofrecer su compañía y animar al cordero
con palabras de aliento.
El
burrito “Tesón” corrió infinidad de aventuras en su nuevo
hogar, e hizo muchísimos amigos, pues tenía un carácter amable y
un corazón generoso.
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